[0262] • LEÓN XIII, 1878-1903 • EL MATRIMONIO CRISTIANO

Carta Encíclica Arcanum divinae sapientiae, 10 febrero 1880

1880 02 10 0009

[9.–] Habiendo, pues, Jesucristo adornado de tal y tan gran excelencia al matrimonio, encomendó su régimen a la Iglesia. La cual, en todo tiempo y lugar, ejerció sus atribuciones sobre el matrimonio de los cristianos, de tal manera que aparecen aquéllas como propias suyas, no obtenidas por concesión de los hombres, sino recibidas de Dios, por voluntad de su Fundador. Ahora bien; no hay para qué demostrar con cuántos y cuán vigilantes cuidados ha procurado conservar la santidad del matrimonio para que no sufriese menoscabo su firmeza, pues son de todos bien conocidos. Y en verdad, sabemos que el Concilio de Jerusalén reprobó el amor disoluto y licencioso [20]; vemos a un ciudadano de Corinto condenado como incestuoso por la autoridad de San Pablo [21], y rechazados con la misma fuerza muchos adversarios del matrimonio cristiano, a saber: los gnósticos, maniqueos y montanistas, en los primeros tiempos de la Iglesia, y en nuestros días, los mormones, sansimonianos, falansterianos y comunistas.

Quedó asimismo constituido un mismo derecho matrimonial para todos, abolidas las antiguas diferencias [22], entre esclavos y libres, se igualaron los derechos del marido y de la mujer; pues, como decía San Jerónimo [23], “entre nosotros lo que no está permitido a las mujeres está prohibido también a los hombres, y éstos se hallan en la misma condición que aquéllas y soportan el mismo yugo”. Y estos mismos derechos quedaron sólidamente afianzados por la correspondencia en el amor y en los servicios mutuos. Fue amparada la dignidad de la mujer; se prohibió al marido castigar con muerte a la adúltera [24], y faltar impúdica y deshonestamente a la fe jurada.

Y lo que también es muy importante: limitó la Iglesia hasta un punto conveniente la potestad de los padres de familia, para que no pudiesen amenguar la justa libertad de sus hijos o hijas que quisieran casarse [25], decretó la nulidad del matrimonio entre consanguíneos [26] y afines dentro de ciertos grados, para que el sobrenatural amor de los cónyuges se difundiese por más espacioso campo, procuró cuanto pudo desterrar de las nupcias el error, la fuerza y el engaño [27], y quiso mantener sana y salva la castidad del tálamo, la seguridad de las personas [28], la integridad de la fe, el decoro de la unión conyugal [29] y la fidelidad al juramento [30]. Finalmente, fortaleció con tal vigor y con tan pródigas leyes esta divina institución, que nadie que de imparcial se precie, puede menos de conocer que también, bajo el punto de vista del matrimonio, es la mejor custodia y defensora del linaje humano la Iglesia, cuya sabiduría salió triunfante de la malicia de los tiempos, de la injusticia de los hombres y de las innumerables vicisitudes públicas.

No faltan, sin embargo, hombres que, ayudados por el enemigo de las almas, se empeñan en repudiar y en desconocer totalmente la renovación y perfección del matrimonio, así como desprecian ingratamente los demás beneficios de la Redención. Pecado fue de algunos antiguos el haber sido enemigos del matrimonio en algunas de sus partes; pero mucho más perniciosamente pecan en nuestro tiempo los que tratan de echar por tierra su naturaleza y destruirlo en todas y en cada una de sus partes.

[20]. Act. XV, 29.

[21]. I Cor. V, 5.

[22]. Cap. 1, de coniug. serv. [1159 0? 0?/1].

[23]. Oper. tom. I, col. 455 [PL (2)2, 691].

[24]. Can. Interfectores, et Can. Admonere, quaest. 2.

[25]. Cap. 30, quaest. 3 de cognat. spirit. [cfr. 1563 11 11c/1].

[26]. Cap. 8 de consang. et affin. [CI 2, 703-704]; cap. 1 cognatione legali [CI 2, 696].

[27]. Cap. 26 de sponsal. [CI 2, 670]; capp. 13, 15, 29 de sponsal. et matrim. [CI 2, 665-667, 671-672] et alibi.

[28]. Cap. 1 de convers. infid. [CI 2, 597-598]; capp. 5 et 6 de eo qui duxit in matr. [CI 2, 688-689].

[29]. Capp. 3, 5 et 8 de sponsal. et matr. [CI 2, 661-664]; Trid. sess. XXIV, cap. 3 de reform. matr. [CT 9, 969].

[30]. Cap. 7 de divort. [1199 05 01/1].

[9.–] Christus igitur, cum ad talem ac tantam excellentiam matrimonia renovavisset, totam ipsorum disciplinam Ecclesiae credidit et commendavit. Quae potestatem in coniugia christianorum omni cum tempore, tum loco exercuit, atque ita exercuit, ut illam propriam eius esse appareret, nec hominum concessu quaesitam, sed auctoris sui voluntate divinitus adeptam.–Quot vero et quam vigiles curas in retinenda sanctitate nuptiarum collocarit, ut sua his incolumitas maneret, plus est cognitum quam ut demonstrari debeat: –Et sane improbatos novimus Concilii Hierosolymitani sententia amores solutos et liberos (2)[20]; civem Corinthium incesti damnatum beati Paulli auctoritate (3)[21]; propulsatos ac reiectos eodem semper tenore fortitudinis conatus plurimorum, matrimonium christianum hostiliter petentium, videlicet Gnosticorum, Manichaeorum, Montanistarum sub ipsa rei christianae primordia nostra autem memoria Mormonum, Sansimonianorum, Phalansterianorum, Communistarum.–Simili modo ius matrimonii aequabile inter omnes atque unum omnibus est constitutum, vetere inter servos et ingenuos sublato discrimine (4)[22]; exaequata viri et uxoris iura; etenim, ut alebat Hieronymus (5)[23], apud nos quod non licet feminis, aeque non licet viris, et eadem servitus pari conditione censetur: atque illa eadem iura ob remunerationem benevolentiae et vicissitudinem officiorum stabiliter firmata; adserta et vindicata mulierum dignitas; vetitum viro poenam capitis de adultera sumere (6)[24], iuratamque fidem libidinose atque impudice violare.–Atque illud etiam magnum est quod de potestate patrumfamilias Ecclesia, quantum oportuit, limitaverit, ne filiis et filiabus coniugii cupidis quidquam de iusta libertate minueretur (7)[25]; quod nuptias inter cognatos et affines certis gradibus nullas esse posse decreverit (8)[26], ut nimirum supernaturalis coniugum amor latiore se campo diffunderet; quod errorem et vim et fraudem, quantum potuit, a nuptiis prohibenda curaverit (9)[27]; quod sanctam pudicitiam thalami, quod securitatem personarum (1)[28], quod coniugiorum decus (2)[29], quod religionis incolumitatem (3)[30] sarcta tecta esse voluerit. Denique tanta vi, tanta providentia legum divinum istud institutum communiit, ut nemo sit rerum aequus existimator, quin intelligat, hoc etiam ex capite quod ad coniugia refertur, optimam esse humani generis custodem ac vindicem Ecclesiam; cuius sapientia et fugam temporum, et iniurias hominum, et rerum publicarum vicissitudines innumerabiles victrix evasit.

[20]. Act. XV, 29.

[21]. I Cor. V, 5.

[22]. Cap. 1, de coniug. serv. [1159 0? 0?/1].

[23]. Oper. tom. I, col. 455 [PL (2)2, 691].

[24]. Can. Interfectores, et Can. Admonere, quaest. 2.

[25]. Cap. 30, quaest. 3 de cognat. spirit. [cfr. 1563 11 11c/1].

[26]. Cap. 8 de consang. et affin. [CI 2, 703-704]; cap. 1 cognatione legali [CI 2, 696].

[27]. Cap. 26 de sponsal. [CI 2, 670]; capp. 13, 15, 29 de sponsal. et matrim. [CI 2, 665-667, 671-672] et alibi.

[28]. Cap. 1 de convers. infid. [CI 2, 597-598]; capp. 5 et 6 de eo qui duxit in matr. [CI 2, 688-689].

[29]. Capp. 3, 5 et 8 de sponsal. et matr. [CI 2, 661-664]; Trid. sess. XXIV, cap. 3 de reform. matr. [CT 9, 969].

[30]. Cap. 7 de divort. [1199 05 01/1].

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia