[0373] • PÍO XII, 1939-1958 • LA ORACIÓN, EL AMOR VERDADERO Y LA FELICIDAD DEL HOGAR

De la Alocución La settimana, a unos recién casados, 24 enero 1940

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[6.–] II.–Pero la historia de Saulo perseguidor ofrece una segunda enseñanza útil a los esposos cristianos. ¿Por qué este joven de inteligencia viva, de juicio recto, de voluntad tenaz, de alma ardorosa, no fue uno de los primeros en seguir a Jesús? ¿Por qué fue al principio despiadado enemigo de lo que más tarde iba a amar, predicar y defender hasta la muerte? También en este punto nos responderá él mismo. Siendo fariseo, hijo de fariseo (1[4]), celador en extremo ferviente de sus tradiciones paternas (2[5]), vivió por ignorancia en la incredulidad (3[6]). El odio de Saulo era, pues, el fruto de la ignorancia y del error, y esta ignorancia y este error eran, a su vez, el fruto de una falsa educación. Él había recibido, primero de sus padres y luego de su maestro Gamaliel (1[7]), el espíritu rígidamente formalista y sectario que los fariseos de sienes amarillentas habían infiltrado, como un veneno desecante, en la ley divina y en las sublimes profecías del Antiguo Testamento. Así había heredado un odio preconcebido e implacable contra todo lo que parecía poder amenazar el armazón minuciosamente artificioso de sus sofismas.

1[4]. Act. XXIII, 6.

2[5]. Gal. I, 14.

3[6]. I Tim. I, 13.

1[7]. Act. XXII, 3.

[6.–] 2) Ma la storia di Saulo persecutore offre un secondo insegnamento utile agli sposi cristiani. Perchè questo giovane dall’intelligenza viva, dal giudizio retto, dalla volontà tenace, dall’anima ardente, non fu uno dei primi a seguire Gesù? Perchè fu in principio spietato nemico di ciò che egli doveva più tardi amare, predicare, difendere sino alla morte? Anche qui egli stesso ci risponderà. Essendo Fariseo, figlio di Farisei (Act XXIII, 6), oltremodo fervente zelatore delle sue paterne tradizioni (Gal I, 14), agì per ignoranza nella incredulità (I Tim I, I, 13). L’odio di Saulo era dunque il frutto della ignoranza e dell’errore, e questa ignoranza e questo errore erano alla loro volta il frutto di una falsa educazione. Egli aveva attinto prima dai suoi genitori, poi dal suo maestro Gamaliele (Act XXII, 3), lo spirito rigidamente formalista e settario, che i Farisei dalle tempia ingiallite avevano infiltrato, come un veleno disseccante, nella legge divina e nelle sublimi profezie dello Antico Testamento. Egli aveva così da essi creditato un odio preconcetto e implacabile contro tutto ciò che sembrava poter minacciare l’impalcatura minuziosamente artificiosa dei loro sofismi.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia