[0421] • PÍO XII, 1939-1958 • DIGNIDAD, UNIDAD E INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO

De la Alocución A un alto, a unos recién casados, 22 abril 1942

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[6.–] Jesucristo, Redentor de la humanidad caída, no había venido a abolir, sino a cumplir y a restaurar la ley divina; a verificar, como más legislador que Moisés, como más sabio que Salomón, como más profeta que los profetas, cuanto de Él había sido predicho, pronunciado semejante a Moisés, suscitado del pueblo de Israel, sobre cuyo labio el Señor había puesto su palabra, mientras que el que no le hubiese escuchado habría sido exterminado fuera del pueblo de Dios (1[7]). Por eso Cristo, con su palabra que no pasa, elevó en el matrimonio al hombre y realzó a la mujer, que los siglos anteriores habían rebajado a la condición de sierva y que el más austero censor de Roma había equiparado a una “naturaleza desenfrenada e indómito animal” (2[8]); como el mismo Redentor había en sí ensalzado no sólo al hombre, sino también a la mujer, tomando de una mujer la humana naturaleza y sublimando a su madre, bendita entre todas las mujeres, hasta hacerla espejo inmaculado de virtud y de gracia para todas las familias cristianas a través de los siglos, coronada en los cielos Reina de los ángeles y de los santos.

1[7]. Cfr. Deut. XVIII, 15 ss; Act. III, 22-23.

2[8]. T. Livi ab urbe condita l. XXXIV, cap. 2.

[6.–] Gesù Cristo, Redentore dell’umanità decaduta, non era venuto a togliere, ma a compire e restaurare la legge divina; ad avverare, come legislatore più di Mosè, come sapiente più di Salomone, come profeta più dei profeti, quanto era stato predetto di lui, preannunziato simile a Mosè, suscitato di fra la gente d’Israele, sul cui labbro il Signore avrebbe posto la sua parola, mentre chiunque non lo avesse ascoltato sarebbe stato sterminato fuori del popolo di Dio (cfr. Deut 18, 15 e segg; Act 3, 22-23). Perciò Cristo, con la sua impreteribile parola, elevò nel matrimonio l’uomo e risollevò la donna, che i secoli antichi avevano abbassato a serva e il più austero censore di Roma aveva equiparata a “natura sfrenata e indomito animale” (T. Livi ab urbe condita l. XXXIV c. 2); come il Redentore stesso aveva innalzato in sè non solo l’uomo, ma anche la donna, prendendo da una donna la natura umana e sublimando la madre sua, benedetta fra tutte le donne, a specchio immacolato di virtù e di grazia per ogni famiglia cristiana attraverso i secoli, coronata in cielo Regina degli angeli e dei santi.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia