[1322] • JUAN PABLO II (1978-2005) • ATENCIÓN PASTORAL A LA FAMILIA

Del Discurso Éste es un momento, a la comunidad católica hispana, en San Antonio (Estados Unidos), 13 septiembre 1987

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7. Otro aspecto fundamental de la vida parroquial es la digna celebración de los sacramentos, incluyendo el del Matrimonio. Este sacramento representa el sólido fundamento de toda la comunidad cristiana. Sin él no se lleva a cumplimiento el designio de Cristo sobre el amor humano, ni se actúa su plan sobre la familia. Es precisamente porque Cristo constituyó el Matrimonio como sacramento y quiso que fuera un signo de su amor permanente y fiel con la Iglesia, por lo que la parroquia ha de poner bien en evidencia a los fieles que los “ensayos de matrimonio”, los matrimonios solamente civiles, las uniones libres, los divorcios, no corresponden al plan de Cristo.

La vida sacramental de la Iglesia se centra ante todo en la Eucaristía que celebra y hace real la unidad de la comunidad cristiana: unidad con Dios y unidad con los hermanos. En la Santa Misa se perpetúa el sacrificio de la cruz a través de los siglos hasta la segunda venida de Cristo. El cuerpo y la sangre del Señor se nos entrega como alimento espiritual. La comunidad parroquial no cuenta con otra tarea más grande y más elevada que la de reunir a los fieles, a ejemplo de Cristo con sus discípulos, “en la fracción del pan” (Act 2, 42).

Nuevamente reitero a todas las parroquias la invitación que hice a la Iglesia entera: promover y reforzar la devoción comunitaria e individual a la sagrada Eucaristía, también fuera de la misa (cfr. Inaestimabile Donum, 20 ss.). En efecto, en las palabras del Concilio Vaticano II, “en la santísima Eucaristía, se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo” (Presbyterorum ordinis, 5).

La vida sacramental de una parroquia se extiende también a los otros sacramentos que señalan los momentos importantes en la vida de los individuos, de las familias y de toda la comunidad parroquial. En particular, deseo mencionar el sacramento de la Penitencia y la necesidad para los católicos de confe sarse con regularidad. En los años recientes, no pocos han mostrado una cierta negligencia respecto a este maravilloso regalo mediante el cual obtenemos de Cristo el perdón de nuestros pecados. Las condiciones relativas al sacramento de la Penitencia en cada parroquia y en cada Iglesia local es un buen índice de la auténtica madurez de la fe en los feligreses y en los sacerdotes. Es necesario que las familias católicas inculquen en sus miembros un amor profundo a la belleza que dimana de la reconciliación con nuestro Padre celestial, con la Iglesia y con el prójimo. Los padres, más con el ejemplo que con las palabras, han de animar a sus hijos a acudir a la confesión frecuente. Las parroquias han de animar a las familias a hacerlo también, contribuyendo a ello con apropiadas catequesis. No es necesario decir que los sacerdotes, que son los ministros de la gracia divina en este sacramento, han de hacer todo lo posible para que la administración del sacramento sea asequible a todos y en las formas autorizadas.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia