[1688] • JUAN PABLO II (1978-2005) • EL VALOR E INVIOLABILIDAD DE LA VIDA HUMANA

Encíclica Evangelium vitae –sobre el bien inviolable de la vida humana–, 25 marzo 1995

1995 03 25b 0068

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29):

ley civil y ley moral

68. Una de las características propias de los atentados actuales contra la vida humana –como ya se ha dicho– consiste en la tendencia a exigir su legitimación jurídica, como si fuesen derechos que el Estado, al menos en ciertas condiciones, debe reconocer a los ciudadanos y, por consiguiente, la tendencia a pretender su realización con la asistencia segura y gratuita de médicos y agentes sanitarios.

No pocas veces se considera que la vida de quien aún no ha nacido o está gravemente debilitado es un bien sólo relativo: según una lógica proporcionalista o de puro cálculo, deberá ser cotejada y sopesada con otros bienes. Y se piensa también que solamente quien se encuentra en esa situación concreta y está personalmente afectado puede hacer una ponderación justa de los bienes en juego; en consecuencia, sólo él podría juzgar la moralidad de su decisión. El Estado, por tanto, en interés de la convivencia civil y de la armonía social, debería respetar esta decisión, llegando incluso a admitir el aborto y la eutanasia.

Otras veces se cree que la ley civil no puede exigir que todos los ciudadanos vivan de acuerdo con un nivel de moralidad más elevado que el que ellos mismos aceptan y comparten. Por esto, la ley debería siempre manifestar la opinión y la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y reconcerles también, al menos en ciertos casos extremos, el derecho al aborto y a la eutanasia. Por otra parte, la prohibición y el castigo del aborto y de la eutanasia en estos casos llevaría inevitablemente –así se dice– a un aumento de prácticas ilegales, que, sin embargo, no estarían sujetas al necesario control social y se efectuarían sin la debida seguridad médica. Se plantea, además, si sostener una ley no aplicable concretamente no significaría, al final, minar también la autoridad de las demás leyes.

Finalmente, las opiniones más radicales llegan a sostener que, en una sociedad moderna y pluralista, se debería reconocer a cada persona una plena autonomía para disponer de su propia vida y de la vida de quien aún no ha nacido. En efecto, no correspondería a la ley elegir entre las diversas opciones morales y, menos aún, pretender imponer una opción particular en detrimento de las demás.

“Oboedire oportet Deo magis quam hominibus” (Act 5, 29):

civilis lex lexque moralis

68. Una ex minationibus, quae hodie vitae humanae insidiantur, quemadmodum alias dictum est, eo tendit, ut iure illae iustificentur, quasi iura essent, quae, certis saltem exstantibus condicionibus, Natio civibus praestare debet ideoque eadem tenenda, medicis et valetudinis operariis gratuito et sicure id concedentibus.

Haud semel existimatur nondum natorum vitam aeque ac graviter imbecillorum imperfectum dumtaxat esse bonum: pro portione vel ad meram rationem cum aliis rebus comparanda est et perpendenda. Iudicatur quoque eum solum, qui re implicatur et involvitur, convenienter haec bona ponderare posse: ideo is unus de moralitate rei eligendae decernere potest. Quocirca Civitas, ut civilis convictus socialisque concordia recte serventur, hanc electionem tueri debet, atque etiam abortum et euthanasiam permittere.

Alias dicitur lex civilis iubere non posse omnes cives vivere ad altiorem moralitatis ordinem quam ipsi noverunt et admittunt. Hac de causa mentem voluntatemque maioris civium partis semper lex patefacere debet atque iisdem, saltem quibusdam in gravissimis casibus, etiam ius abortus et euthanasiae concedere. Ceterum abortus atque euthanasiae interdictio et coërcitio his in casibus necessario –aiunt– ad actionum lege vetitarum amplificationem adducunt: quae quidem –pergunt illi– societatis respectionem vitant atque abest opportuna medicorum cura. Aliquis praeterea quaerat, lege lata quae servari re non possit, utrum significet cunctarum legum auctoritatem demum labefactari necne.

Acerrimae tandem opinationes asseverant in recentiore multiplicique societate plene suam cuique esse agnoscendam potestatem propriae vitae disponendae aeque ac nondum natorum: non est enim legis munus ex diversis moralibus sententiis electionem ducere, eoque minus quandam iniungere opinionem prae aliis.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia