[1773] • JUAN PABLO II (1978-2005) • DEFENSA DE LA VIDA HUMANA DESDE EL SENO MATERNO

Discurso Juz po raz, a los participantes en una peregrinación promovida por “Radio María” de Polonia, 18 abril 1996

1996 04 18 0003

El evangelio de la vida

3. Queridos hermanos, este año se ha cumplido el primer aniversario de la publicación de mi encíclica Evangelium vitae. Hoy quisiera recordároslo. Precisamente “el evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas” (n. 1). La vida humana posee un carácter sagrado e intangible; por tanto, todo hombre y, especialmente todo cristiano, tiene el deber de defender la vida, toda vida y, de modo particular, la del niño que se halla en el seno materno. Por eso, todo ataque contra esta vida debería encontrar una firme y clara oposición por parte de todos y, especialmente, por parte de los creyentes, hijos e hijas de la Iglesia. No se puede construir el bien común sin reconocer y tutelar el derecho a la vida; este derecho es el pilar en el que se apoya toda sociedad civil (cf. n. 101). Así pues, con mucha gratitud quiero subrayar los esfuerzos de todos los hombres de buena voluntad en nuestro país, que pronuncian un firme “sí” a la vida. Me refiero a las personas, las instituciones eclesiásticas y laicas y las organizaciones que sirven a la vida y proclaman su sacralidad e intangibilidad.

En la encíclica ya mencionada escribí que el evangelio de la vida es “parte integrante del Evangelio que es Jesucristo. Nosotros estamos al servicio de este Evangelio, apoyados por la certeza de haberlo recibido como don y de haber sido enviados a proclamarlo a toda la humanidad ‘hasta los confines de la tierra’ (Hch 1, 8). Mantengamos, por ello, la conciencia humilde y agradecida de ser el pueblo de la vida y para la vida y presentémonos de este modo ante todos” (ib., 78). Somos el pueblo de la vida, y debemos comportarnos según esta vocación. Deberíamos ser solidarios con la vida, solidarios con las madres que esperan un hijo, solidarios con las familias necesitadas de ayuda moral, de consejo o de apoyo material. Consideremos la defensa de la vida humana como lo esencial de nuestra misión. “El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno” (ib., 79).

Para este servicio al evangelio de la vida, tenemos necesidad de fuerza. Deberíamos encontrarla en aquel que vino “para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Desarrollemos en nosotros la vida divina de la fe, la esperanza y la caridad, que es la vida de Cristo en nosotros. Es el don más valioso que nos ha dado Jesús, para que tengamos la vida no sólo a la medida del hombre, sino también a medida del Hijo de Dios, en el que el Padre se complace eternamente. Amemos esta vida de Dios en nosotros y defendámosla, puesto que de ella nace el amor a toda vida humana.

3. Ioannis Pauli PP. II Evangelium Vitae, 1 [1995 03 25b/ 1].

4. Cfr. ibid. 101 [1995 03 25b/ 101].

5. Act. 1, 8.

6. Ioannis Pauli PP. II Evangelium Vitae, 78 [1995 03 25b/ 78].

7. Ibid. 79 [1995 03 25b/ 79].

8. Io. 10, 10.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia