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[§ 0275] • LEÓN XIII, 1878-1903 • DIVORCIO CIVIL

De la Respuesta de la Sagrada Penitenciaría, al Obispo de Luçon (Francia), 24 septiembre 1887

1887 09 24 0001

[1–] En un caso particular se permitió que, después que los jueces civiles habían pronunciado haber lugar al divorcio, el síndico, que de otro modo hubiera sido depuesto de su cargo, declarara el divorcio civil, con tal que primeramente “públicamente confesara la doctrina católica sobre la exclusiva jurisdicción de los jueces eclesiásticos sobre el matrimonio y la causas matrimoniales; en segundo lugar, que en la misma sentencia y hablando como magistrado, públicamente declarara que sólo podía mirar a los efectos civiles y a solo el contrato civil, y que, por lo demás, el vínculo del matrimonio permanecería enteramente firme delante de Dios y de la conciencia”.

[MI, 1865 nota 2]

[1.–] In particulari casu permissum est, ut syndicus (secus ex officio suo eiciendus), postquam iudices civiles pronuntiaverant, locum esse divortio, sententiam ferret pro divortio civili, dummodo 1. “catholicam doctrinam de matrimonio deque causis matrimonialibus ad solos iudices ecclesiasticos pertinentibus palam profiteretur, 2. in ipsa sententia et tamquam magistratus loquens publice declaret, se solos effectus civiles solumque contractum civilem spectare posse, aliunde vinculum matrimonii omnino firmum remanere coram Deo et conscientia”.

[DS, *3192]

[§ 0289] • LEÓN XIII, 1878-1903 • MALES DEL DIVORCIO

De la Carta Longinqua oceani, a los Obispos de Estados Unidos (América del Norte), 6 enero 1895

1895 01 06 0014

[14.–][...] Una sola cosa, de la mayor importancia y saludable en sumo grado para todos, queremos recordar aquí, y que entre vosotros, por lo general, se conserva santamente en la fe y en las costumbres; nos referimos a la unidad y perpetuidad del matrimonio, en el cual se ofrece el vínculo de unión más estable no sólo para la sociedad doméstica, sino también para la civil. No pocos de vuestros conciudadanos, incluso entre aquellos mismos que están en desacuerdo con nosotros en todo lo demás, alarmados por el desenfreno de los divorcios, admiran y aprueban en esta materia la doctrina y la práctica de los católicos. Y, al pensar así, se dejan llevar no menos por el amor a la patria que por el consejo de la sabiduría. Porque apenas es posible pensar una más radical ruina para la sociedad como querer que pueda ser roto un vínculo por ley divina perpetuo e indivisible. “A causa de los divorcios, las alianzas matrimoniales se hacen inestables, se debilita el cariño mutuo, se proporcionan a la infidelidad incentivos perniciosos, se perjudican la tutela y la educación de los hijos, se da ocasión de disolver las sociedades domésticas, se siembra la semilla de la discordia entre las familias, se disminuye y rebaja la dignidad de la mujer, que corre el peligro de verse abandonada una vez satisfecho el apetito del hombre. Y, puesto que nada puede tanto como la corrupción de las costumbres para perder a las familias y quebrantar las fuerzas de las naciones, fácilmente se adivina que el divorcio es el mayor enemigo de la prosperidad de la familia y del Estado” [1].

[DPS, 338]

1. Enc. Arcanum [1880 02 10/17].

[14.–][...] Rem unam eamque maximi momenti et saluberrimam in omnes partes libet recordari hoc loco, quae fide moribusque sancte apud vos, un aequum est, generatim retinetur: dogma christianum dicimus de unitate et perpetuitate coniugii: in quo non societati dumtaxat domesticae, sed etiam coniunctioni hominum civili maximum suppeditat vinculum incolumitatis. De civibus vestris, de iis ipsis qui nobiscum cetera dissident, catholicam hac de re doctrinam catholicumque morem non pauci mirantur ac probant, videlicet perterriti licentia divortiorum. Quod cum ita iudicant, non minus caritate patriae ducuntur, quam sapientia consilii. Vix enim cogitari potest capitalior civitati pestis, quam velle, dirimi posse vinculum, divina lege perpetuum atque individuum. Divortiorum “caussa fiunt maritalia foedera mutabilia: extenuatur mutua benevolentia: infidelitati perniciosa incitamenta suppeditantur: tuitioni atque institutioni liberorum nocetur: dissuendis societatibus domesticis praebetur occasio: discordiarum inter familias semina sparguntur: minuitur ac deprimitur dignitas mulierum, quae in periculum veniunt ne, cum libidini virorum inservierint, pro derelictis habeantur. Et quoniam ad perdendas familias, fragendasque regnorum opes nihil tam valet quam corruptela morum, facile perspicitur prosperitati familiarum ac civitatum maxime inimica esse divortia”(1).

[Leonis XIII Acta 15, 15]

1. Enc. Arcanum [1880 02 10/17].

[§ 0299] • LEÓN XIII, 1878-1903 • MALES DEL DIVORCIO

De la Alocución Afferre iucundiora, en el Consistorio secreto, 16 diciembre 1901

1901 12 16 0001

[1.–][...] Los que han de discutir la ley del divorcio [1] no deben negarse a observar y considerar con empeño que el vínculo matrimonial de los cristianos es –por derecho divino– único y perpetuo; y que ninguna ley humana podrá jamás abrogar este derecho o derogarlo. Es un grande y pernicioso error el colocar las bodas cristianas en el número de los contratos que el derecho civil puede anular o romper. En efecto, el Restaurador de la naturaleza humana, Jesucristo Hijo de Dios, después de haber abolido la costumbre de la repudiación, restauró el matrimonio en la fuerza y naturaleza primitiva que Dios mismo le había dado en los orígenes; lo enriqueció con la dignidad y poder sacramentales, y lo sustrajo por esto mismo, no sólo de la esfera de los asuntos comunes, sino además del dominio del poder civil y aun eclesiástico. Las consecuencias del matrimonio en la esfera civil, el poder del Estado puede reglamentarlas. Pero Dios le prohíbe ir más lejos. Por consiguiente, toda ley que legitime el divorcio está legislando contra el derecho y hace injuria abiertamente a Dios, Creador y soberano Legislador. Podrá hacer que nazca un pacto adúltero; pero, un matrimonio legítimo, ¡jamás!

Una circunstancia agravante es que resulta tan difícil mantener los divorcios dentro de los límites fijados, como detener en pleno curso el fuego de las pasiones más violentas. Es un error buscar aprobación en los ejemplos de los demás, cuando se trata de un asunto cuya impiedad no deja lugar a duda. ¿Será excusa o circunstancia atenuante para un culpable la multitud de personas que cometen faltas semejantes? Y esto con tanta mayor razón, cuanto que la Iglesia –guardiana y vindicadora del derecho divino– no ha cesado nunca, en cuanto le ha sido posible, de protestar firmemente contra la libertad legal del divorcio y de oponerse a él con toda su autoridad. ¡No espere nadie que la Iglesia va a ser hoy día menos consciente de su deber, que antaño! ¡La Iglesia jamás se prestará, jamás consentirá, jamás soportará blandamente una injuria que ofende a Dios tanto como a ella!

¡Una injuria y al mismo tiempo un manantial funesto de desgracias! Hasta tal punto, que, aun entre aquellos que no admiten en todos sus puntos, o incluso que no admiten en absoluto las instituciones de la Iglesia, se ve a muchos que –por amor al bien público– se convierten en defensores ardientes y hábiles de la indisolubilidad del matrimonio. En efecto, la ley, cuando reconoce la legitimidad del divorcio, está destruyendo –ella misma– la estabilidad y solidez natural del matrimonio. De ahí se siguen, por la fácil inclinación de la naturaleza, las consecuencias que Nos hemos deplorado en otro lugar: debilitación del amor mutuo, peligrosas tentaciones de infidelidad, peligro para la seguridad y educación de los hijos, semillas de división entre las familias, destrucción completa de los hogares, y condición de la mujer reducida a extrema humillación. Puesto que tanto la prosperidad de las familias como la del Estado se ven favorecidas por las buenas costumbres, y en cambio se ven comprometidas por la corrupción, es fácil comprender cuán nefastos son –tanto para el hogar como para la vida pública– esos divorcios que proceden de la degradación de las costumbres, y conducen a su vez al más extremo libertinaje.

[EM, 242-244]

[1]. [Ii omnes, quorum in deliberatione versatur rogata lex de divortiis].

[1.–][...]Animadvertere et serio considerare ne recusent [1], sanctum, individuum, perpetuum esse iure divino maritale vinculum christianorum; neque id ius abrogari, nec ei derogari ullo unquam tempore ullaque hominum lege posse. Adscribere christianas nuptias iis velle rebus, quae contrahantur, distrahantur, iure civili, magnus ac perniciosus est error. Etenim humanae redemptor et restitutor naturae Iesus Christus Filius Dei, consuetudine deleta repudii, ad vim rationemque antiquam Deo ipso auctore ab initio constitutam, revocavit matrimonium; auctumque dignitate et virtute sacramenti, e negotiorum genere communium imperioque potestatis civilis, imo etiam ecclesiasticae exemit. Quae nuptias consequuntur in rerum genere civilium, de iis statuat potestas reipublicae; ultro progredi, Dei nutu prohibetur. Omnis ergo lex, quae rata esse divortia iubeat, iubet contra fas, apertaque cum iniuria creatoris summique legumlatoris Dei; proptereaque caussam dare adulterino foederi potest, coniugio iusto non potest. Illud auget culpam, quod continere divortia intra provisos terminos, tam difficile factu est, quam sistere in medio cursu acerrimarum flammas cupiditatum.–Perperam vero suffragium petitur ab exemplis peregrinis, in re non dubie nefaria: minuatne aut excuset peccata cuiusquam, multitudo similia peccantium? Eo vel maxime quod nusquam recepta legibus facultas divortiorum quin reclamarit vehementer opposituque auctoritatis suae restiterit, ubicumque potuit, custos et vindex divini iuris Ecclesia. Nec audeat sperare quisquam, minus memorem officii hodie futuram, quam antea fuerit. Non connivebit ullo modo, non acquiescet, non feret remisse Deo sibique factam iniuriam.–Qua in iniuria teterrimus fons includitur malorum: et hanc ob rem ex eis ipsis hominibus, qui instituta catholica non undequaque probant, aut omnino non probant, plurimos tamen cernere est, qui salutis publicae ratione adducti, pro perpetuitate coniugiorum docte et animose contendant. Revera, hoc semel constituto, rescindi maritale vinculum fas esse, lege evertitur constans et stabilis natura matrimonii: hinc illa proclivi itinere consequuntur, quae Nosmetipsi alias deflevimus, debilitari utrimque amorem mutuum, perniciosa incitamenta suppetere ad infidelitatem, in discrimine esse tuitionem institutionemque liberorum, dissidiorum inter familias foveri semina, totas domos perturbari funditus, atque in summam humilitatem evadere conditionem mulieris. Quoniam vero et prosperitas domesticae societatis et ipsae imperiorum opes moribus bonis vigent, corruptis dilabuntur, pronum est intelligere, quam sint et privatim et publice calamitosa divortia, utpote quae a demutatione morum popularium profecta, ad infinitam licentiam vulgo deducunt.

[ASS 34 (1901/02), 261-262]

[1]. [Ii omnes, quorum in deliberatione versatur rogata lex de divortiis].

[§ 0300] • LEÓN XIII, 1878-1903 • DIVORCIO

De la Carta Alla S. V., del Santo Oficio –sobre la propuesta de ley de divorcio–, a los Obispos de Italia, 24 diciembre 1901

1901 12 24 0001

1.–Su Ex. Rvma. conoce ya la Alocución de su Santidad N. S., en el Consistorio del día 16 del corriente [1]; Alocución dirigida a preservar a Italia de las tristes consecuencias del divorcio, cuando llegare a permitirse por la ley.

Tratándose de un tema en íntima conexión con el dogma católico y la disciplina eclesiástica, los Emmos. S. Cardenales Inquisidores Generales, mis colegas, han creído conveniente llamar la atención de los sagrados Pastores y de excitar su celo para que no haya diócesis de Italia donde las enseñanzas y avisos paternales de la Cabeza de la Iglesia no encuentren la debida correspondencia.

[2]1. [León XIII, Alloc. Afferre incundiora: 1901 12 16/1].

1.–Alla S. V. R~ma è già nota l’Allocuzione della Santità di N. S., nel Concistoro del giorno sedici corrente [1]; Allocuzione indirizzata a preservare l’Italia dalle tristi conseguenze del divorzio, quando divenisse legge.

Trattandosi d’un argomento intimamente connesso con il dogma cattolico e l’ecclesiastica disciplina, gli E~mi. Sigg. Cardinali Inquisitori Generali, miei Colleghi, hanno creduto spediente di richiamare sul grave documento pontificio la considerazione de’sacri Pastori, e di eccitarne lo zelo, affinchè non sia diocesi in Italia, dove gl’insegnamenti e i paterni avvisi del Capo della Chiesa non trovino la debita corrispondenza.

[2]1. [León XIII, Alloc. Afferre incundiora: 1901 12 16/1].

[§ 0300] • LEÓN XIII, 1878-1903 • DIVORCIO

De la Carta Alla S. V., del Santo Oficio –sobre la propuesta de ley de divorcio–, a los Obispos de Italia, 24 diciembre 1901

1901 12 24 0002

2.–Y ante todo, convendrá explicar al pueblo claramente, cómo Jesucristo, Hijo de Dios, Redentor del género humano, abolida la costumbre del repudio, ha vuelto a restaurar el matrimonio tal como al principio fue establecido por el Creador: que sea uno e indivisible. A esto alude el divino Maestro al enseñar: “Por tanto ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no divida lo que Dios ha unido” [2]. Principio aplicado por S. Pablo, al escribir a los Corintios, “La mujer está ligada a la Ley por todo el tiempo que viva el marido; si éste muere, está en libertad; cásese con quien ame, con tal que sea en el Señor” [3].

[2]. S. Matteo XIX, 6.

[3]. I Cor. VII, 39.

2.–E innanzi tutto, converrá spiegare al popolo chiaramente come Gesù Cristo, Figlio di Dio, Redentore dell’uman genere, tolta la consuetudine del ripudio, abbia richiamato il matrimonio al principio stabilito dal Creatore, che sia uno e indissolubile. Al quale principio allude il divino Maestro, insegnando: Non sono dunque più due, ma una sola carne. Non divida pertanto l’uomo quel che Dio ha congiunto1[2]. Principio applicato da S. Paolo, scrivendo ai Corinti: La moglie è legata alla legge per tutto il tempo che vive il marito; chè se muore il marito, essa è in libertà: sposi chi vuole, purchè secondo il Signore2[3].

[2]. S. Matteo XIX, 6.

[3]. I Cor. VII, 39.

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© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia