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[§ 0170] • BENEDICTO XIV, 1740-1758 • FORMA DEL MATRIMONIO, PROHIBICIÓN ABSOLUTA DEL DIVORCIO

De la Carta Encíclica Inter omnigenas, a los Obispos de Serbia y de las regiones vecinas, 2 febrero 1744

1744 02 02 0014

§ 14.–En lo concerniente a las dispensas matrimoniales, los obispos y misioneros de Serbia deben tener cuidado de no servirse inconsideradamente, ni en favor de quien no tuviera derecho, de las facultades que la Santa Sede les ha concedido; ni de sobrepasar los límites de su autoridad. Establecemos también que no se debe conceder ninguna dispensa a los cristianos clandestinos, de quienes se dice que simulan los ritos mahometanos; porque, al avergonzarse de Cristo, se hacen indignos de las gracias de la Iglesia, que es la Esposa de Cristo. No concedan, además, ninguna dispensa en los casos en que prevean que los matrimonios no serán celebrados válida y santamente, según el rito de la Iglesia católica, como hemos indicado anteriormente. Porque, entonces, ya no se trataría de dispensa, sino de disipación, y de fomento de la incontinencia; cosa que un ministro de Cristo, fiel y prudente, no debe permitir jamás.

[EM, 11-16]

§ 14.–Circa Dispensationes Matrimoniales, caveant Episcopi, et Missionarii Serviae, ne facultatibus sibi ab hac Sancta Sede communicatis inconsulte, vel erga immerentes utantur; neve terminos suae potestatis transiliant. Nullas itaque Dispensationes concedendas esse statuimus illis Christianis occultis, de quibus dictum est, quod Mahumeticos simulent ritus: etenim isti, quum Christum erubescant, gratiarum Ecclesiae, quae Christi sponsa est, indignos se faciunt. Prae terea nullas dispensationes concedant in iis casibus, quibus Matrimonia iuxta Ritum Ecclesiae Catholicae, ut supra dictum est, et valide, et sancte celebranda non esse praeviderint. Tunc enim non Dispensationes, sed Dissipationes, et incontinentiae fomenta essent, a quibus fidelis prudensque Minister Christi omnimode abstinere tenetur.

[CICF 1, 806-807]

[§ 0173] • BENEDICTO XIV, 1740-1758 • INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO Y LIBELO DE REPUDIO

De la Constitución Apostolici ministerii, 16 septiembre 1747

1747 09 16 0002

§ 2.–Se nos ha referido hace poco, y el hecho se apoyaba manifiestamente en pruebas ciertas, que algunos judíos convertidos a la fe cristiana, cuya esposa rehusa abrazar la verdad de Cristo, no vacilan (después de haber abjurado de la infidelidad judaica, de purificarse con el santo bautismo y ligarse por solemne profesión a la fe de Cristo) en volver con sacrílega audacia a las viviendas o barrio de los judíos, vulgarmente llamado “Ghetto” y conceder allí a su esposa –según el rito rabínico y con las costumbres supersticiosas de los judíos y sus prácticas condenables– un documento de repudiación; o también conceden ese documento fuera del domicilio de los judíos, ante un notario y testigos cristianos, a fin de darles libertad [a las mujeres] para que se casen con otro hombre. En efecto, Moisés escribió en el capítulo XXIV del Deuteronomio: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella; y si ésta, luego, no encuentra ya gracia a sus ojos, porque él ha descubierto en ella algo repulsivo, [el marido] le escribirá un documento de repudio, y poniéndoselo en la mano la mandará a su casa” [1].

Pero se trata de saber si esta concesión se hacía únicamente para evitar mayores males, de tal suerte que quien infligía o aceptaba la repudiación estaba exento de castigo, pero no de falta; o si se trataba, por el contrario, de una dispensa concedida por Dios, a causa de la dureza de corazón de los hebreos: de suerte que el que entregaba documento de divorcio o la mujer que lo aceptaba se hallaba exento de falta y de castigo, y no estaba prohibido –de ninguna manera– contraer válida y lícitamente nuevo matrimonio. Los teólogos antiguos y modernos no se hallan de acuerdo sobre la cuestión, ya que unos adoptan la primera opinión, y otros la segunda.

Pero cualquiera que sea la solución que se dé a este problema, lo cierto es que Nuestro Redentor, Jesucristo, Hijo de Dios, a quien se preguntó qué es lo que pensaba sobre el documento de repudiación autorizado por Moisés, dio la siguiente respuesta, como leemos en el Evangelio, en San Mateo y en San Marcos: “Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres. Pero al principio no fue así. En verdad os digo: el que repudia a su mujer, si no es por adulterio, y se casa con otra, comete adulterio. Y el que se casa con una mujer repudiada, comete adulterio” [2]. Y concluye con estas palabras: “No separe el hombre lo que Dios ha unido” [3]. De estas palabras, los teólogos sacan la conclusión legítima de que, actualmente, los judíos no pueden ya repudiar a sus esposas; y que el vínculo de matrimonio no puede quedar ya disuelto por una carta de divorcio, porque Jesucristo restauró el matrimonio en su estado primitivo, es decir, en la indisolubilidad, sin haber promulgado ley nueva, sino únicamente aboliendo la antigua dispensa concedida en materia de dicha indisolubilidad. Siendo así las cosas, y aunque se tolere el divorcio entre dos esposos hebreos que persistan –ambos– en la incredulidad del judaísmo, de seguro no se debe absolutamente permitir ni tolerar que un judío convertido a la fe y purificado por el santo bautismo, conceda a su esposa, que permanece obstinadamente en el judaísmo, una carta de repudiación según la costumbre y ritos judíos.

[1]. [Dt. 24, 1].

[2]. [Mt. 19, 8-9; Mc. 10, 5-8].

[3]. [Mt. 19, 6; Mc. 10, 9].

§ 2.–Nuper quidem Nobis relatum est, certisque probationibus manifesto comprobatum, quod aliqui Hebraeorum, qui ad Christianam Fidem conversi uxorem habent renuentem Christianam ventatem amplecti, minime dubitant, posteaquam eiurata Iudaica perfidia sacro lavacro abluti sunt, et solemni professione se ad Christi Fidem adstrinxerunt, reverti sacrilego ausu ad Iudaeorum Castra, seu Vicum, vulgo il Ghetto, ibique Rabbinico ritu, Iudaicis superstitionibus, damnandisque observationibus, libellum repudii uxoribus concedere, vel etiam extra Iudaeorum domicilium, coram Notario Testibusque Christianis, eumdem libellum repudii uxoribus dare, ut liberam eis nubendi alteri Viro potestatem faciant. Moyses quidem in Deuteronomio cap. 24 ita scriptum reliquit: Si acceperit homo uxorem, et habuerit eam, et non invenerit gratiam ante oculos eius propter aliquam foeditatem, scribet libellum repudii, et dabit in manu illius, et dimittet eam de domo sua[1]. Utrum vero haec dumtaxat indulgentia quaedam fuerit ad maius malum evitandum, adeo ut qui daret, acciperetque repudium, liber quidem a poena esset, non autem a culpa; an autem dispensatio potius esset a Deo concessa ob cordis Hebraeorum duritiam, adeo ut qui libellum repudii mitteret, et quae missum reciperet, et a culpa, et a poena exemptus foret, eisque minime vetitum esset ad aliud matrimonium valide, ac licite contrahendum procedere, dissident inter se veteres, recentioresque Theologi, cum alii primam, alii alteram opinionem sequantur. Verum quidquid hac de re sit, illud certum est, quod Redemptor Noster Iesus Christus Dei Filius interrogatus quid censeret de libello repudii, quem Moyses permiserat, respondit, ut legitur in Evangelio apud Matth, cap. 19, et apud Marc. cap. 10: Quoniam Moyses ad duritiam cordis vestri permisit vobis dimittere uxores vestras; ab initio autem non fuit sic: dico autem vobis, quia quicumque dimiserit uxorem suam, nisi ob fornicationem, et aliam duxerit, moechatur: et qui dimissam duxerit, moechatur[2]. Sermonemque suum ita conclusit: Quod ergo Deus coniunxit, homo non separet[3]. Ex his autem verbis per legitimam consequentiam inferunt Theologi, in praesentiarum non amplius licere Hebraeis proprias uxores repudiare, neque per libellum repudii, matrimoni vinculum amplius dissolvi, eo quod Iesus Christus illud ad suum primaevum statum redegit, nempe ad indissolubilitatem, non lege nova condita, sed dumtaxat sublata veteri indulgentia, seu dispensatione super praedicta indissolubilitate concessa. Quae cum ita se habeant, etiamsi repudium toleretur inter Hebraeos coniuges, qui ambo in eadem Iudaica perfidia permanent, certe ferri, ac tolerarí nullo modo debet, ut Hebraeus ad Fidem conversus, et sacro Baptismate ablutus, libellum repudii uxori, quae in Hebraica pervicacia remanet, iudaico more, ac ritu concedat.

[1]. [Dt. 24, 1].

[2]. [Mt. 19, 8-9; Mc. 10, 5-8].

[3]. [Mt. 19, 6; Mc. 10, 9].

[§ 0195] • PÍO VI, 1775-1799 • LA INTENCIÓN DE CONTRAER MATRIMONIO

De la Carta Gravissimam matrimonii, al Arzobispo de Praga (Checoslovaquia), 11 julio 1789

1789 07 11b 0005

§ 5.IV.–[...]2. De la mencionada decisión de Gregorio IX [1], así como también de la clarísima exposición de Benedicto XIV [2], se desprende que el matrimonio contraído bajo una condición contraria a su sustancia es nulo y sin valor. No obstante, siguiendo también la doctrina del mismo Pontífice [3], si no se trata de una condición formalmente incluida en el contrato, sino únicamente de un error de los cónyuges que creen que el divorcio es lícito por causa de adulterio, podemos presumir que, cuando ellos tuvieron la intención de contraer matrimonio, quisieron que este matrimonio fuera conforme a las prescripciones de Cristo, y que por tanto fuera indisoluble, ya que su voluntad general de contraer matrimonio conforme a la institución de Cristo absorbía en cierto modo su error personal. [...]

Debemos concluir que un consentimiento emanado de la voluntad de contraer matrimonio conforme a la ley de Cristo, se requiere y basta para que un matrimonio sea válido, si –por otra parte– no existe ningún obstáculo canónico. Por el contrario, si se introduce en el contrato alguna condición contraria a la sustancia del matrimonio, la voluntad de contraerlo según la ley de Cristo queda entonces positivamente excluida, por razón de la oposición entre la ley de Cristo y la condición puesta positiva y explícitamente, y el consentimiento es impotente para establecer verdadero matrimonio.

[EM, 46-47]

[1]. [1234 09 04/1].

[2]. [BSyn 2, 189-190].

[3]. [Ibidem].

§ 5.IV.–[...] 2. Ex decisione Gregorii IX, quae in hanc rem affertur cap. Conditiones, ult. de condit. appos.[1], atque ex luculenta doctrina Benedicti XIV lib. 13 de Syn. dioec., cap. 22[2], qua rem totam mirifice illustrari profiteris ipse, eruitur quidem, si contrahendo matrimonio conditio apponatur quae repugnet substantiae ipsius, nullum et irritum fore matrimonium. Verum, ut ibidem docet Benedictus XIV [3], si expressa huiusmodi conditio minime apposita fuerit, quamquam contrahentes in eo errore versentur, matrimonii vinculum propter adulterium dissolvi posse (quod idem valet de malitiosa absentia), nihilominus locum esse praesumptioni ut, dum matrimonium contrahere voluerunt, illud iuxta institutum Christi, atque adeo insolubile, inire voluerint, nimirum generali ea intentione contrahendi iuxta institutionem Christi, privatum illum errorem quodammodo absorbente. [...] Porro consensus, praestitus ex voluntate contrahendi iuxta legem Christi, aptus est ac sufficiens ad matrimonii valorem, nisi aliud obstet canonicum impedimentum. Contra ubi deducitur in pactum conditio repugnans substantiae matrimonii, iam actu excluditur voluntas contrahendi iuxta legem Christi, propter repugnantiam quae est inter legem Christi et conditionem quae actu expresse intenditur, fitque adeo ineptus consensus ad verum efficiendum coniugium. 5. Verum potissima ratio est, quam superius attigimus, ex eo deducta, quod, nisi vera eiusmodi essent acatholicorum coniugia, universa Ecclesia tot sae culis errasset, quae redeuntes ad fidem acatholicos coniuges ut veros coniuges recipit, licet, pravis erroribus imbuti circa matrimonium, id antea in sua secta contraxissent, nisi deducta fuisset in pactum expressum conditio repugnans substantiae matrimonii, aut aliud obstaret impedimentum canonicum.

[PF lurPont 4, 339-340]

[1]. [1234 09 04/1].

[2]. [BSyn 2, 189-190].

[3]. [Ibidem].

[§ 0206] • PÍO VII, 1800-1823 • DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL DIVORCIO

De la Instrucción Catholica nunc, del Santo Oficio, a los Prefectos de las Misiones de Martinica y Guadalupe (Antillas Francesas), 6 julio 1817

1817 07 06 0001

[1.–] Es necesario ahora hablar de la doctrina católica sobre el divorcio, sobre el autor de la ley que lo introduce y sobre los jueces que dan sentencia de divorcio o que la hacen cumplir.

[1.–] Catholica nunc super divortio, super legis illud inducentis auctore ac super iudicibus illud exequentibus, vel exequi facientibus principia constituere necesse est.

[§ 0206] • PÍO VII, 1800-1823 • DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL DIVORCIO

De la Instrucción Catholica nunc, del Santo Oficio, a los Prefectos de las Misiones de Martinica y Guadalupe (Antillas Francesas), 6 julio 1817

1817 07 06 0002

[2.–] Todo divorcio, entre cristianos todavía vivos, en cuanto supone la disolución del vínculo conyugal legítimamente contraído y confirmado, no es otra cosa que un grave atentado, si no contra el derecho natural (sobre lo cual disputan entre sí los escolásticos), sí, por lo menos, contra el derecho divino positivo escrito, como claramente enseña el S. Concilio de Trento (sess. 24, Doctr. de Sacr. Matr.[1]), y abundantemente demuestra Benedicto XIV en el De Synodo Dioec. lib. XIII, cap. 22, § 3 y siguientes[2]. Por lo cual, todo proyecto de ley, que afirme y disponga ese atentado, es por su propia naturaleza, inválido y nulo, es más violencia que ley (D. Th. 12, q. 46, a. 4), más propiamente es una corrupción de la ley, puesto que trata sobre una cuestión puramente sagrada por institución divina y por esta razón superior, y como tal, fuera del ámbito de cualquier potestad terrena: lo cual, por añadidura, contradice manifiestamente a la ley divina, ante la que debe inclinarse y ceder toda potestad humana; por lo cual antes que nada sucede que abusan de una autoridad que no tienen, no menos el legislador de quien procede esta corrupción, que el juez, que la sirve y la aplica a los casos particulares, y lleva a cabo su cumplimiento: lo que es lo mismo que pecar mortalmente, el primero por usurpación de potestad, y el otro por usurpación de juicio: (Leonard. Lessius De Iust. et Iur. Duben. Lib. 2, cap. 29, p. 288). Uno y otro cometen igualmente pecado de escándalo gravísimo, según el ejemplo de los fariseos, y “anulan el precepto de Dios en cuestiones de gran importancia, para seguir sus tradiciones” (Marc VII, 9; Mat XV, 3). Más aún, se dedican a sustituir la proposición divina: Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre[3], por el precepto contrario: “A los que el hombre ha separado, ni Dios, ni la Iglesia los vuelva a unir”, como se infiere del artículo 295 del código arriba citado. Por último a uno y otro se les considera partícipes de todas las funestas consecuencias que necesariamente fluyen de este criminal proyecto de ley.

[1]. [1563 11 11a/1-4].

[2]. [BSyn 2, 188ss].

[3]. [Mt. 19, 6; Mc. 10, 9].

[4]. [1563 11 11b/1].

[5]. [Ibidem].

[2.–] Divortium omne, dissolutionem coniugalis vinculi legitime contracti et confirmati, inter christianos adhuc viventes, importans, aliud non est quam ingens attentatio, sin contra ius naturale (de quo scholastici inter se disputant), ast profecto contra ius divinum positivum scriptum, sicuti perspicue S. Tridentinum Concilium ostendit (sess. 24, Doct. de Sacr. Matr.[1]), atque fuse evincit Benedictus XIV de Synodo Dioec. lib. XIII. cap. 22, § 3, et seqq.[2]. Quapropter legum latio omnis, talem confirmans, ac dirigens attentationem, irrita et nulla suapte natura est, violentia potius quam lex est (D. Th. 12, quaest. 46 a. 4) immo corruptio legis est, cum supra rem divina institutione mere sacram, adeoque superiorem, uti talem, et ab omni terrena potestate evadentem versetur: quae insuper manifesto divinae opponitur legi, cui omnis humana potestas flecti atque cedere debet; quo fit, ut non minus legislator, a quo huiusmodi corruptio procedit, quam iudex, qui eidem famulatur, eamque ad peculiares casus applicat, atque eius promovet executionem, rei auctoritatis praeter fas usurpatae primo existant: quod idem est, ac mortaliter peccare priorem quidem usurpatione potestatis, alterum vero usurpatione iudicii: (Leonard. Lessius de Iust. et Iur. Duben. Lib. 2, Cap. 29, p. 288). Uterque pariter gravissimi scandali noxam incurrit, dum pharisaeorum exemplo, atque “in re maioris longe momenti irritum faciunt praeceptum Dei, ut traditionem eorum servent.” (Marc VII, 9; Matth XV, 3). Immo id etiam sibi sumunt, ut divino effato: Quod Deus coniunxit homo non separet[3] contrarium substituant statutum: “Quos homo separavit, neque Deus, neque Ecclesia reconiungat” uti ab articulo 295 codicis superius citati habetur. Uterque denique exitiosorum omnium consectariorum particeps reperitur, quae ab huiusmodi nefaria legum latione necessario fluunt.

[1]. [1563 11 11a/1-4].

[2]. [BSyn 2, 188ss].

[3]. [Mt. 19, 6; Mc. 10, 9].

[4]. [1563 11 11b/1].

[5]. [Ibidem].

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© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia