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[§ 0240] • PÍO IX, 1846-1878 • INDISOLUBILIDAD DEL VÍNCULO MATRIMONIAL

De la Instrucción Difficile dictu, de la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, a los Obispos greco-rumanos, año 1858

1858 0? 0?a 0011

[11.–] Por último, S. Juan Crisóstomo enseña constantemente que el matrimonio es siempre indisoluble, cuando reprueba de plano, como contrarias a la ley Evangélica, las leyes civiles que permiten el divorcio. Escribe así: “¿Pues qué le diremos a quien nos habrá de juzgar, cuando lea públicamente la ley inspirada diciendo: mandé no casarse con la mujer repudiada, declarando que eso es adulterio. Cómo, pues, te has atrevido a contraer nupcias prohibidas?”.

[11.–] Demum S. Ioannes Chrysostomus insolubile quocumque in casu coniugium constanter affirmat, quum civiles leges, quae divortium sanciunt, tamquam contrarias legi Evangelicae planissime improbat. Scribit enim: “Quid enim dicemus ei, qui de nobis iudicaturus est, quando legem illatam in medium legerit dicens: iussi repudiatam uxorem non ducere, dicens id adulterium esse. Quomodo igitur aussus es ad prohibitas nuptias accedere?”

[§ 0240] • PÍO IX, 1846-1878 • INDISOLUBILIDAD DEL VÍNCULO MATRIMONIAL

De la Instrucción Difficile dictu, de la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, a los Obispos greco-rumanos, año 1858

1858 0? 0?a 0017

[17.–] Pero es manifiesto –para servimos de una gravísima expresión de Pío VI–, que las leyes humanas a veces conceden a la humana fragilidad cosas que no son lícitas a una recta conciencia. Es claro que no han faltado leyes que permitían una usura tal que no podían conciliarse en modo alguno con la ley natural y divina; tanto que la facultad concedida por estas leyes, más debería llamarse abuso, que justa libertad. Pero para no apartarnos del tema que venimos tratando, es igualmente conocido que también en los primeros siglos hubo leyes humanas que permitieron, por determinadas causas, la disolución de los matrimonios, dándose incluso la facultad de contraer nuevas nupcias a ambas partes. ¿Qué dijeron sobre esto los Padres de la Iglesia? El Crisóstomo en el cap. VII de la Epíst. a los Romanos: No me cites leyes externas y profanas que mandan dar libelo de repudio, y establecen el divorcio; pues en verdad Dios no nos ha de juzgar según estas leyes, sino de acuerdo con las que Él mismo puso. Jerónimo, en la Epíst. 30: Unas son las leyes de los Césares, otras las de Cristo: unas cosas ordena Papiniano y otras nuestro Pablo. Por lo cual el mismo S. Doctor dice que Fabiola pecó, puesto que –habiendo repudiado al marido, ciertamente adúltero, y que se había juntado en torpe y pecaminosa unión–, no permaneció sin casarse de nuevo; por más que intente excusarla diciendo que era una adolescente y que las leyes civiles le permitían el repudio: Fabiola, pues, –porque se había convencido y pensaba que el marido había sido repudiado justamente y no conocía el valor del Evangelio, en el que se corta a las mujeres toda posibilidad de casarse en vida de sus maridos–, mientras evita muchas heridas del diablo, recibe una herida por incauta[24].

[23]. Matth. Blastaris, Syntagma Alphabeticum littera, cap. XIII.

[24]. Litt. (Pii VI) ad Anton. Archiep. Pragens., die 11 iulii 1789 [1789 07 11b/5].

[17.–] Notum vero est, ut gravissimis Pii VI verbis utamur, humanis legibus nonnulla interdum humanae fragilitati concedi, quae non licent iure conscientiae. Notum est non defuisse leges talem usurae modum permittentes, quae cum iure naturali ac divino conciliari prorsus non valeant, ut proinde facultas hisce legibus data, impunitas potius dicenda foret, quam iusta libertas. Ac ne a subiecta materia discedamus, notum pariter est primis quoque saeculis permissum humanis legibus fuisse, ut certis de causis matrimonia solverentur, forte etiam utrique parti facultate ad alias nuptias transeundi facta. Quid porro ad haec Ecclesiae Patres? Chrysostomus in cap. VII Epist. Ad Rom.: Non mihi recites leges externas, atque profanas, quae libellum repudii dare, ac divortium facere praecipiunt; non enim profecto secundum has leges iudicaturus est Deus, sed iuxta eas, quas ipse posuit. Hieronymus, Epist. 30: Aliae sunt leges Caesarum, aliae Christi: aliud Papinianus, aliud Paulus noster praecipit. Quocirca idem S. Doctor peccasse fatetur Fabiolam, quod repudiato marito, adultero quidem, et qui sese scorto vilique mancipio miscuerat non innupta manserit; tametsi eam excuset, quod adolescentula esset, et civilibus legibus permitteretur repudium, scribens: Igitur et Fabiola, quia persuaserat sibi, et putabat a se virum iuste dimissum, nec Evangelii vigorem noverat, in quo nubendi universa causatio, viventibus viris, foeminis amputatur, dum multa diaboli vitat vulnera, unum incauta vulnus accepit2[24].

[23]. Matth. Blastaris, Syntagma Alphabeticum littera, cap. XIII.

[24]. Litt. (Pii VI) ad Anton. Archiep. Pragens., die 11 iulii 1789 [1789 07 11b/5].

[§ 0247] • PÍO IX, 1846-1878 • ERRORES SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO

Del Syllabus o colección de errores modernos –§ VIII: Errores sobre el matrimonio cristiano–, 8 diciembre 1864

1864 12 08 0067

67.–El vínculo del matrimonio no es indisoluble por derecho de la naturaleza, y en varios casos, la autoridad civil puede sancionar el divorcio propiamente dicho [3].

[3]. Litt. Apost. Ad Apostolicae 22 Aug. 1851 [1851 08 28/2]; Alloc. Acerbissimum 27 septembris 1852 [1852 09 27/3].

LXVII–lure naturae matrimonii vinculum non est indissolubile, et in variis casibus divortium proprie dictum auctoritate civili sanciri potest [3].

[3]. Litt. Apost. Ad Apostolicae 22 Aug. 1851 [1851 08 28/2]; Alloc. Acerbissimum 27 septembris 1852 [1852 09 27/3].

[§ 0258] • LEÓN XIII, 1878-1903 • EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LA FAMILIA

De la Carta Encíclica Inscrutabili, 21 abril 1878

1878 04 21 0014

[14.–] Pero para que la buena educación de la juventud sirva de amparo a la fe, a la religión y a la integridad de la moral, debe empezar desde los más tiernos años en el seno de la familia; ésta, sin embargo, perturbada como está hoy día por desgracia, no puede recuperar en modo alguno su dignidad perdida, si no se somete a las leyes con que fue instituida en la Iglesia por su divino Autor. Porque Jesucristo, después de elevar el matrimonio, símbolo de su unión con la Iglesia, a la dignidad de sacramento, no sólo santificó la unión matrimonial, sino que proporcionó también eficacísimos auxilios a los padres y a los hijos para conseguir fácilmente, con el cumplimiento de sus mutuos deberes, el bienestar temporal y la felicidad eterna.

Pero desde que unas legislaciones impías, despreciando el carácter sagrado de este gran sacramento, han reducido el matrimonio a la condición de un contrato meramente civil, han sobrevenido varias lamentables consecuencias. Porque a la profanación de la dignidad del matrimonio cristiano se han seguido la consideración civil como matrimonio de lo que en realidad es un mero concubinato legal; el incumplimiento de las obligaciones de fidelidad, a que los cónyuges mutuamente se obligaron; la desobediencia y la falta de respeto de los hijos para con sus padres; el debilitamiento de los vínculos del amor doméstico; y el escándalo lamentable del divorcio, secuela frecuente de amores inconsiderados, con grave daño de la moral privada y pública. Tan deplorables y tristes desórdenes, venerables hermanos, deben excitar y mover vuestro celo a amonestar con perseverante insistencia a los fieles confiados a vuestro cuidado, para que presten dócil oído a las enseñanzas referentes a la santidad del matrimonio cristiano y para que obedezcan las leyes con que la Iglesia regula las obligaciones de los cónyuges y de su prole.

[14.–] Optima porro iuventutis disciplina ad verae fidei et religionis munimen atque ad morum integritatem a teneris annis exordium habeat necesse est in ipsa domestica societate; quae nostris hisce temporibus misere perturbata, in suam dignitatem restitui nullo modo potest nisi iis legibus, quibus in Ecclesia ab ipsomet divino Auctore est instituta. Qui cum matrimonii foedus, in quo suam cum Ecclesia coniunctionem significatam voluit, ad Sacramenti dignitatem evexerit, non modo maritalem unionem sanctiorem effecit, sed etiam efficacissima tum parentibus tum proli paravit auxilia, quibus, per mutuorum officiorum observantiam, temporalem ac aeternam felicitatem facilius assequerentur. At vero postquam impiae leges, Sacramenti huius magni religionem nil pensi habentes, illud eodem ordine cum contractibus mere civilibus habuerunt, id misere consecutum est, ut, violata christiani coniugii dignitate, cives legali concubinatu pro nuptiis uterentur, coniuges fidei mutuae officia negligerent, obedientiam et obsequium nati parentibus detrectarent, domesticae charitatis vincula laxarentur, et, quod deterrimi exempli est publicisque moribus infensissimum, persaepe malesano amori perniciosae ac funestae discessiones succederent. Haec sane misera et luctuosa non possunt, Venerabiles Fratres, vestrum zelum non excitare ac movere ad fideles vigilantiae Vestrae concreditos sedulo instanterque monendos, ut dociles aures doctrinis adhibeant quae christiani coniugii sanctitatem respiciunt, ac pareant legibus quibus Ecclesia coniugum natorumque officia moderatur.

[§ 0262] • LEÓN XIII, 1878-1903 • EL MATRIMONIO CRISTIANO

Carta Encíclica Arcanum divinae sapientiae, 10 febrero 1880

1880 02 10 0005

[5.–] Pero esta forma del matrimonio, tan excelente y aventajada, empezó insensiblemente a corromperse y desaparecer entre los gentiles; y aun entre los mismos hebreos pareció como anublada y oscurecida. Pues prevaleció entre éstos la costumbre general de que a cada varón fuese lícito tener más de una mujer; y más tarde cuando “por la dureza de su corazón” [3], les concedió benignamente Moisés la facultad de repudiar, se abrió la puerta al divorcio.

En cuanto a la sociedad pagana, apenas parece creíble hasta qué punto denegaron y se corrompieron las nupcias; como que estaban expuestas a las corrientes de los errores de cada pueblo y a liviandades torpísimas. Todas las naciones, más o menos, parecieron olvidar la verdadera noción y origen del matrimonio, leyes que parecían útiles a la república, aunque no fuesen conformes a la naturaleza. Solemnes ritos, inventados al arbitrio de los legisladores, hacían que las mujeres llevasen el honesto nombre de esposa, o el torpe de concubina; y aun llegó a determinarse por autoridad de los jefes de la república a quiénes fuese, o no, permitido contraer matrimonio; estando muchas veces las leyes en contradicción con la equidad y la justicia. Además la poligamia, la poliandria y el divorcio, fueron causa de que el vínculo nupcial se relajase hasta el extremo.

Hubo también una gran perturbación en los derechos y obligaciones mutuas de los cónyuges, toda vez que el varón adquiría el dominio de la mujer, y se separaba de ella muchas veces sin causa alguna razonable; mientras que a él, precipitado en una sensualidad indómita y desenfrenada, le era impunemente permitido “discurrir por entre lupanares y siervas, como si de la dignidad, y no de la voluntad dependiese la culpa” [4]. Desbordado el libertinaje del marido, nada había más miserable que la mujer, sumida en tanta degradación, que se consideraba así como un mero instrumento adquirido para satisfacer la pasión o engendrar prole. Ni se tuvo por vergonzoso comprar y vender, como si fuesen cosas corporales [5], a las que habían de casarse, dándose a las veces al padre y al marido la facultad de castigar con la última pena a la esposa. La familia nacida de tales matrimonios, necesariamente había de estar o sojuzgada por el Estado, o constituida en propiedad del padre de familia [6], a quien las leyes habían investido también de la facultad no sólo de ajustar y disponer a su arbitrio las bodas de sus hijos, sino también de ejercer sobre ellos la bárbara potestad de vida y muerte.

[3]. Matth. XIX, 8.

[4]. Hieronym. Oper. tom. I, col. 455 [PL 22, 691].

[5]. Arnob. adv. Gent. 4 [sic, vid. lib. 1, cap. 64: PL 5, 805-806].

[6]. Dionys. Halicar, lib. III, c. 26, 27 [Roman Antiquities, Harvard University Press, 1948, 1, 386-393].

[5.–] Verum haec coniugii forma, tam excellens atque praestans, sensim corrumpi et interire apud ethnicos populos coepit; et penes ipsum Hebraeorum genus quasi obnubilari atque obscurari visa.–Nam apud hos de uxoribus susceperat consuetudo communis, ut singulis viris habere plus non liceret; post autem, cum ad duritiam cordis2[3] eorum indulgenter permisisset Moyses repudiorum potestatem, ad divortium factus est aditus.–In societate vero ethnicorum vix credibile videatur, quantam corruptelam et demutationem nuptiae contraxerint, quippe quae obiectae fluctibus essent errorum uniuscuiusque populi et cupiditatum turpissimarum. Cunctae plus minus gentes dediscere notionem germanamque originem matrimonii visae sunt; eamque ob caussam de coniugiis passim ferebantur leges, quae esse e republica viderentur, non quas natura postularet. Sollemnes ritus, arbitrio legumlatorum inventi, efficiebant ut honestum uxoris, aut turpe concubinae nomen mulieres nanciscerentur; quin eo ventum erat, ut auctoritate principum reipublicae caveretur, quibus esset permissum inire nuptias, et quibus non esset, multum legibus contra aequitatem contendentibus, multum pro iniuria. Praeterea polygamia, polyandria, divortium caussae fuerunt, quamobrem nuptiale vinculum magnopere relaxaretur. Summa quoque in mutuis coniugum iuribus et officiis perturbatio extitit, cum vir dominium uxoris acquireret, eamque suas sibi res habere, nulla saepe iusta caussa, iuberet; sibi vero ad effrenatam et indomitam libidinem praecipiti impune liceret excurrere per lupanaria el ancillas, quasi culpam dignitas faciat, non voluntas3[4]. Exsuperante viri licentia, nihil erat uxore miserius, in tantam humilitatem deiecta, ut instrumentum pene haberetur ad explendam libidinem, vel gignendam sobolem comparatum. Nec pudor fuit, collocandas in matrimonium emi vendi, in rerum corporearum similitudinem (4)[5], data interdum parenti maritoque facultate extremum supplicium de uxore sumendi. Talibus familiam ortam connubiis necesse erat aut in bonis reipublicae esse, aut in mancipio patrifamilias (1)[6], cui leges hoc quoque posse dederant, non modo liberorum conficere et dirimere arbitratu suo nuptias, verum etiam in eosdem exercere vitae necisque immanem potestatem.

[3]. Matth. XIX, 8.

[4]. Hieronym. Oper. tom. I, col. 455 [PL 22, 691].

[5]. Arnob. adv. Gent. 4 [sic, vid. lib. 1, cap. 64: PL 5, 805-806].

[6]. Dionys. Halicar, lib. III, c. 26, 27 [Roman Antiquities, Harvard University Press, 1948, 1, 386-393].

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© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra. http://www.unav.es/matrimonioyfamilia