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Magisterio sobre amor, matrimonio y familia <br /> <b>Warning</b>: Undefined variable $titulo in <b>/var/www/vhosts/enchiridionfamiliae.com/httpdocs/cabecera.php</b> on line <b>29</b><br />
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[1195] • JUAN PABLO II (1978-2005) • EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS

De la Alocución La vostra scorsa, en la Audiencia General, 19 diciembre 1984

1984 12 19 0001

1. [...] La usanza de conferir el bautismo a los niños poco después de su nacimiento, se desarrolló como expresión de fe viva de las comunidades y, en primer lugar, de las familias y de los padres; éstos, habiendo crecido también ellos en la fe, deseaban este don para sus hijos lo antes posible después del nacimiento. Como es sabido, esta costumbre se mantiene constantemente en la Iglesia como signo del amor proveniente de Dios. Los padres solicitan el bautismo para sus hijos recién nacidos, comprometiéndose a educarlos cristianamente. Para dar una expresión todavía más completa a este compromiso, piden a otras personas, los llamados padrinos, que se comprometan a ayudarles –y en caso de necesidad sustituirles– a educar en la fe de la Iglesia al recién bautizado.

Este uso, practicado corrientemente, tiene una importancia eminente para el problema de la catequesis. No puede llevarse a cabo la educación de un niño bautizado en la fe de la Iglesia sin que haya una catequesis sistemática. Lo que en el caso del bautismo de los adultos comprendía el programa del catecumenado antes de la admisión a este sacramento, en la nueva situación se pasa en cierto sentido a después del mismo bautismo, al tiempo en que el pequeño cristiano sea ya capaz de recibir una instrucción sobre las verdades cristianas de fe y de moral, e irse introduciendo en las sucesivas etapas de la vida sacramental de la Iglesia. De este modo, por un lado sigue manteniéndose la relación especial de la catequesis con el bautismo –relación resaltada desde el principio, desde el día de Pentecostés–; y por otro lado, la catequesis, aplazada sobre la base del compromiso de los padres y padrinos, en el tiempo siguiente al bautismo, se abre ampliamente y se extiende, puede decirse, a toda la vida del cristiano.

[DP (1984), 354]