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[1350] • JUAN PABLO II (1978-2005) • LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA EN EL SURGIR DE LAS VOCACIONES

Del Discurso Vous aviez, a los Obispos y Administradores Apostólicos de Grecia, en la visita ad limina, 27 enero  1989

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4. Este problema crucial de las vocaciones me lleva naturalmente a detenerme con vosotros en la importancia de la familia. ¿No es acaso la cuna de toda vocación? El Concilio recuerda con firmeza que “el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (Gaudium et spes, 47). Y matiza: “Gracias a una vida verdaderamente cristiana, las familias se convierten en semilleros de apostolado laical y de vocaciones sacerdotales y religiosas” (Ad gentes, 19).

¡Cuánta razón tenéis en hacer converger vuestros esfuerzos de cara al sostenimiento y a la formación de hogares cristianos por todos los medios pastorales de los que disponéis! En efecto, los esposos están sometidos a la agresión de corrientes ideológicas y modos de vida destructivos, que llevan en ocasiones al rápido fracaso de la estabilidad de la célula familiar. Les es difícil hacer frente a sus sagradas obligaciones y asegurar, entre otras cosas, la educación de sus hijos según sus propias convicciones, como es su deber y derecho. Quiero aquí expresar el profundo agradecimiento de la Iglesia para con los religiosos, religiosas y laicos cristianos por la tarea educadora que cumplen en las escuelas católicas de vuestro país. De un modo más amplio, exhorto de todo corazón a vuestra Conferencia Episcopal a continuar sus esfuerzos en el campo de la pastoral de la juventud. Ella es la esperanza de la Iglesia y el futuro de la sociedad del mañana.

Añado una palabra sobre vuestro trabajo colegial para acoger –sobre todo en los períodos cumbre– a los numerosísimos turistas que visitan las riquezas culturales de Grecia. Tenéis experiencia en este campo. Mejorad siempre el estilo de presencia humana y espiritual de vuestra Iglesia de cara a estos grupos tan numerosos de turistas, y también de peregrinos, que siguen los pasos de San Pablo.

[OR (e. c.), 19.III.1989, 10]