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[0369] • PÍO XII, 1939-1958 • CASTIDAD CONYUGAL

De la Alocución Recentemente uniti, a unos recién casados, 6 diciembre 1939

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[3.–] El hombre y la mujer eran inmaculados cuando salieron de las manos creadoras de Dios. Manchados después por el pecado, debieron comenzar, con el sacrificio expiatorio de víc timas sin mancha, la obra de la purificación, que sólo hizo eficazmente redentora la “sangre preciosa de Cristo, como de cordero inmaculado e incontaminado” (1). Y Jesucristo, para continuar su obra, quiso que la Iglesia, su esposa mística, fuese “sin mancha ni arruga... sino santa e inmaculada” (2). Ahora bien, queridos recién casados, tal es el modelo que el gran Apóstol San Pablo os propone: “Oh hombres, advierte él, amad a la Iglesia (3), porque lo que hace grande al sacramento del matrimonio, es su relación a la unión de Cristo y de la Iglesia” (4).

1. I Petr. I, 19.

2. Eph. V, 27.

3. Eph. V, 25.

4. Eph. V, 32.

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[4.–] Acaso pensaréis que la idea de una pureza sin mancha se aplica exclusivamente a la virginidad, ideal sublime al que Dios no llama a todos los cristianos, sólo a las almas elegidas. Estas almas las conocéis vosotros, pero aun admirándolas, no habéis creído que esa fuese vuestra vocación. Sin tender al extremo de la renuncia total a los gozos terrestres, vosotros, siguiendo la vía ordinaria de los mandamientos, tenéis el legítimo anhelo de veros circundados por una gloriosa corona de hijos, fruto de vuestra unión. Pero también el estado matrimonial, querido por Dios para el común de los hombres, puede y debe tener su pureza sin mancha.

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[5.–] Es inmaculado ante Dios todo el que cumple con fidelidad y sin negligencia las obligaciones del propio estado. Dios no llama a todos sus hijos al estado de perfección, pero les invita a todos ellos a la perfección en su estado: “Sed perfectos, decía Jesús, como es perfecto vuestro Padre Celestial” (1[5]). Los deberes de la castidad conyugal, ya los conocéis. Exigen una valentía real, a veces heroica, y una confianza filial en la providencia; pero la gracia del sacramento se os ha dado precisamente para hacer frente a estos deberes. No os dejéis, por lo tanto, desviar, por pretextos demasiado en boga y por ejemplos por desgracia demasiado frecuentes.

1[5]. Math. V, 48.

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[6.–] Escuchad más bien los consejos del ángel Rafael al joven Tobías, que dudaba de tomar por mujer a la virtuosa Sara: “Escúchame, y yo te enseñaré quiénes son aquéllos sobre los que el demonio tiene poder: son aquéllos que abrazan el matrimonio arrojando a Dios de sí y de sus corazones” (2[6]). Y Tobías, iluminado por esta angélica exhortación, dijo a su joven esposa: “Nosotros somos hijos de santos, y no podemos unirnos como los gentiles, que no conocen a Dios” (3[7]). No olvidéis nunca que el amor cristiano tiene un fin mucho más elevado que el que puede constituir una fugaz satisfacción.

12[6]. Tob. VI, 16-17.

33[7]. Tob. VIII, 5.

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[7.–] Escuchad, en fin, la voz de vuestra conciencia, que os repite interiormente la orden dada por Dios a la primera pareja humana: “creced y multiplicaos” (1[8]). Entonces, según la expresión de San Pablo, “el matrimonio será en todo honrado, y el tálamo sin mancha” (2[9]). Pedid esta gracia especial a la Virgen Santísima, en el día de su próxima fiesta.

31[8]. Gen. I, 22.

32[9]. Hebr. XIII, 4.

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[8.–] Tanto más cuanto que María fue inmaculada desde su concepción para venir a ser dignamente Madre del Salvador. Por eso la Iglesia ora así en su liturgia, donde resuena el eco de sus dogmas: “Oh Dios, que por la inmaculada concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo una morada digna de Él...” (3[10]). Esta Virgen inmaculada, que llegó a ser madre por otro único y divino privilegio, puede, por lo tanto, comprender vuestros deseos de pureza interna y vuestra aspiración a los gozos de la familia. Cuanto vuestra unión sea más santa y apartada del pecado, tanto más os bendecirá Dios y su purísima Madre, hasta el día en que la Bondad suprema una para siempre en el cielo a aquéllos que se han amado cristianamente en este mundo.

[FC, 37-39]

31[8]. Gen. I, 22.

3[10]. Orat. in festo Immac. Conc. B.M.V.