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[0435] • PÍO XII, 1939-1958 • DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA Y UNIDAD DE LA FAMILIA

Del Radiomensaje Con sempre nuova, de Navidad, 24 diciembre 1942

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1.º [Dignidad y derechos de la persona humana]

[1.–] Quien desea que aparezca la estrella de la paz y se detenga sobre la sociedad, contribuya por su parte a devolver a la persona humana la dignidad que Dios le concedió desde el principio; opóngase a la excesiva aglomeración de los hombres, casi a manera de masa sin alma; a su inconsistencia económica, social, política, intelectual y moral; a su falta de sólidos principios y de profundas convicciones, a su exhuberancia de excitaciones instintivas y sensibles, y a su volubilidad; favorezca por todos los medios lícitos, en todos los campos de la vida, aquellas formas sociales, que posibiliten y garanticen una plena responsabilidad personal, así en el orden terrenal como en el eterno; apoye el respeto y la práctica realización de los siguientes derechos fundamentales de la persona: el derecho a mantener y desarrollar la vida corporal, intelectual y moral, y particularmente el derecho a una formación y educación religiosa; el derecho al culto de Dios, privado y público, incluida la acción caritativa religiosa; el derecho, en principio, al matrimonio y a la consecución de su propio fin; el derecho a la sociedad conyugal y doméstica; el derecho a trabajar, como medio indispensable para la manutención de la vida familiar; el derecho a la libre elección de estado y, por consiguiente, aun del estado sacerdotal y religioso; el derecho a un uso de los bienes materiales, consciente de sus deberes y de las limitaciones sociales.

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2.º [Defensa de la unidad social y particularmente de la familia]

[2.–] Quien desea que aparezca la estrella de la paz y se detenga sobre la sociedad, rechace toda forma de materialismo que no ve en el pueblo sino una grey de individuos que, divididos y sin eterna consistencia, son considerados como un objeto de dominio y de sumisión; procure concebir la sociedad como una unidad interna, crecida y sazonada bajo el gobierno de la Providencia; unidad que, en el espacio a ella asignado y según las particulares condiciones, tiende por la colaboración de las diferentes clases y profesiones a los eternos y siempre nuevos fines de la civilización y de la religión; defienda la indisolubilidad del matrimonio; dé a la familia, célula insustituible del pueblo, espacio, luz, tranquilidad, para que pueda cumplir la misión de perpetuar la nueva vida y educar a los hijos en un espíritu conforme a sus propias y verdaderas convicciones religiosas; según sus fuerzas, conserve, fortifique y reconstituya su peculiar unidad económica, espiritual, moral y jurídica; vigile el que también los criados participen de las ventajas materiales y espirituales de la familia; cuídese de procurar a cada familia un hogar en donde la vida doméstica, sana material y moralmente, llegue a desarrollarse con toda su fuerza y valor; procure que los sitios de trabajo y los domicilios no estén tan separados que hagan del jefe de familia y del educador de los hijos casi un extraño en su propia casa; procure, sobre todo, que entre las escuelas públicas y la familia renazca aquel vínculo de confianza y de mutua colaboración que en otro tiempo produjo frutos tan benéficos, y que ha sido hoy sustituido por la desconfianza allí donde la escuela, bajo el influjo o el dominio del espíritu materialista, envenena y destruye todo cuanto los padres habían sembrado en las almas de los hijos.

[EyD, 355-356]