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[1000] • JUAN PABLO II (1978-2005) • LA RELIGIOSIDAD, LA CATEQUESIS Y LA PASTORAL FAMILIAR

Del Discurso È con grande affetto, a los Obispos de Pulla y Basilicata (Italia), en la visita ad limina, 28 noviembre 1981

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2. [...] La religiosidad, transmitida preferentemente por tradición y por ambiente sociológico, se ha vuelto frágil e insuficiente, y resulta más difícil aceptarla y comprenderla. La crisis se advierte especialmente en la estructura y en el ámbito de la familia, como asimismo de los jóvenes, asaltados por ideologías múltiples y hostiles. Ciertas expresiones religiosas que se manifiestan en formas tradicionales de devoción y de costumbres, evidencian el problema –por otra parte muy extendido– de la desconexión entre la vida y la fe, que corre el riesgo de ser vivida de un modo instrumental.

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La catequesis y la pastoral familiar

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3. El cuadro aquí esbozado, cuyas líneas particulares son objeto de vuestra preocupación cotidiana, sugiere algunas reflexiones prácticas y programáticas, que deseo proponer a vuestra atención, queridos hermanos en el Episcopado.

Refiriéndome a vuestra grave función de responsables de la fe, quisiera, ante todo, invitaros a potenciar una catequesis que lleve a los creyentes a la comprensión del significado, trascendente y a la vez existencial, de las verdades religiosas, a la concienciación de la fe, y, por tanto, a la coherencia en la praxis, es decir, a una religiosidad integrada, capaz de renovar la vida. Es necesario apelar a una sabia perspicacia para potenciar en todas las formas la instrucción religiosa, y madurar así conciencias verdaderamente cristianas, iluminadas, equilibradas y sólidas, que sepan enfrentarse con la mentalidad corriente, con la mentalidad del mundo, a la cual no podemos adaptarnos: “No os conforméis a este siglo” (Rom 12, 2).

Semejante trabajo de iluminación y formación debe reservarse, con particular atención e intensidad, a la familia y a sus problemas. Del examen de vuestros informes se deduce también la urgencia de una acción unitaria y concorde de todas las diócesis de ambas regiones para el planteamiento y desarrollo de una pastoral más amplia, que tenga como objetivo la familia. Preparar a los jóvenes para la familia con una seria dirección espiritual en las parroquias, en los grupos de Acción Católica y de presencia cristiana; ayudar a las familias a cumplir sus deberes; integrarlas como Iglesias domésticas en el ministerio de la evangelización y de la santificación; buscar en las familias el punto de partida para la formación completa del hombre y del cristiano, son los contenidos y las metas de una pastoral orgánica familiar, que debe llevarse a cabo atentamente con una acción conjunta, sometida a recíprocas revisiones, en todas las Iglesias particulares. No debe desatenderse, a este propósito, la utilización de eficaces consultorios católicos, en los que reine la seriedad de planteamientos doctrinales y científicos, junto con una serenidad de comportamientos en una obra que requiere credibilidad, profunda comprensión, generosa disponibilidad y participación. En este sector se hace también deseable una colaboración con las autoridades civiles, con vistas a una común defensa de las bases morales y espirituales de la convivencia civil, y además para el mejoramiento de las condiciones sociales, del nivel de empleo y de todas aquellas situaciones que tocan de cerca la problemática de la familia.

No hace falta que me detenga a recordar la necesidad de una pastoral orgánica sobre el sacramento del matrimonio, desde el momento en que esta urgencia ha constituido el tema de reflexión de la Conferencia Episcopal Italiana, que se ha expresado a través de un conocido documento pastoral. Sólo deseo subrayar la necesidad de educar a los jóvenes para la realidad humana y sobrenatural del amor, para las responsabilidades que se derivan del matrimonio elevado a la dignidad de sacramento; en una palabra, para el gran servicio que están llamados a prestar a la Iglesia y a la sociedad.

En el estudio de estos temas relativos a la familia se han consumido ya muchas energías; ahora es el momento de pasar a la acción con un esfuerzo unitario y conjunto, animado y sostenido por la fe. Si no se salvan los valores sagrados de la familia registrados en el patrimonio más precioso de vuestros pueblos, si no se defienden sus inviolables contenidos de unidad y de indisolubilidad, si no se devuelve a los esposos la alegría de un constante esfuerzo de entrega mutua, desgraciadamente atacado por modelos tantas veces falazmente impuestos, es imposible pensar en la elevación espiritual y material de las poblaciones del sur de Italia. El problema quedaría sin soluciones; es más, habrían empeorado sus dificultades. Son preocupaciones que confío a vuestra solicitud pastoral.

[Enseñanzas 10, 445-446]