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[1245] • JUAN PABLO II (1978-2005) • EL CATECISMO, LA FAMILIA Y LA ESCUELA CATÓLICA

Del Discurso Louvado seja, a los Obispos de Brasil, en la visita ad limina, 8 marzo 1986

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4. En este empeño evangelizador, han de ser siempre oportunamente concienciados todos los que en la Iglesia deben o quieren ser catequistas; quiero poner de relieve aquí el papel de la familia y de la escuela, sobre todo por lo que se refiere a la catequesis de la infancia y adolescencia. Todos los fieles cristianos, sin embargo, en determinados momentos y ambientes, tienen que asumir la noble tarea de ayudar a los más jóvenes a prepararse para la vida de acuerdo con el Evangelio: en un mundo difícil, deben evangelizar catequizando con el testimonio de la alegría de la fe.

De todos modos, serán siempre los sacerdotes, directos colaboradores del obispo, que es el “primer responsable de la catequesis” en su Iglesia particular (Catechesi tradendae, 63), los principales agentes en la pastoral catequética con sensibilidad respecto a la religiosidad popular, sabiendo canalizarla por los caminos de la fe genuina; y respecto a la catequesis permanente y a todos los niveles. Hay que aprovechar bien los medios y oportunidades que se presentan, con el triple objetivo de llevar a cada bautizado a esta triple adquisición: captar el mensaje integral del Evangelio; hacer la experiencia de la fe; y, además, la experiencia de la comunidad de fe en la Iglesia, fundada en la verdad, en la unidad y en la caridad.

Sé que hay en vuestra Regional un obispo responsable para la pastoral de la juventud y enseñanza religiosa escolar: todos –vosotros que lo elegisteis y el Papa– confiamos en su sabiduría, eficiencia y en la asistencia del Espíritu, para que aprovechemos esa edad generosa de la juventud y ese momento bien propicio de la escolaridad para fortalecer y educar en la fe y en la coherencia moral a las generaciones que suben en la vida, promesa de un nuevo porvenir iluminado por el reconocimiento de Dios y de su designio de que los hombres formen una familia de buenos hermanos.

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5. “Inamovibles en la esperanza del Evangelio” y confiando en Aquel que suscita en nosotros el querer y el obrar (cfr. Flp 2, 13), séame permitido indicar, entre otros, tres campos en los cuales se impone con urgencia la evangelización, también a través de la catequesis:

A) La familia. Se halla patente en vuestras relaciones la urgencia de una acción convergente y concorde de las diversas diócesis, no sólo de una región, sino de todo Brasil, para salvaguardar y promover los valores de la familia, tradicionalmente sana y sólida, pero amenazada en diversos planos, e incluso agredida, por ciertos modelos que le son impuestos capciosamente. No nos es posible detenemos aquí a tratar acerca de una pastoral orgánica, en orden a preparar a los jóvenes para el Sacramento del Matrimonio y a las responsabilidades familiares; ayudar a los casados a desempeñar sus indeclinables funciones y a vivir el ideal cristiano, señalado por el Concilio Vaticano II, de que las familias se conviertan en “Iglesias domésticas”, responsabilizadas al mismo tiempo en la formación del hombre y del cristiano, ya que “el futuro del hombre pasa por la familia”. Todo esto presupone criterios claros, en cuanto a la unidad e indisolubilidad del vínculo matrimonial y en cuanto a la fidelidad, fecundidad, sacralidad de la vida y educación de la prole. Presupone, en fin, la conciencia del servicio que la familia está llamada a prestar a la Iglesia y a la sociedad, de acuerdo con lo que se expone en la Familiaris consortio.

Cada uno de los Sacramentos, y no sólo el Matrimonio, merecería que les dedicara aquí una palabra de aliento y atención. Pero me limito a la Eucaristía y Reconciliación o Penitencia, normalmente designada en vuestras tierras con el nombre de confesión. [...]

[OR (ed. esp.) 23-III-1986, 7]