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[1263] • JUAN PABLO II (1978-2005) • EL MATRIMONIO Y LA MISIÓN DE LOS ESPOSOS CRISTIANOS A LA LUZ DEL AMOR DE CRISTO POR LA IGLESIA

De la Carta I am indeed, al “Worldwide Marriage Encounter”, en Tampa (Florida, EE.UU.), 28 mayo 1986

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[2.–] El Concilio Vaticano II invitó de forma especial a las familias a que compartieran sus riquezas espirituales con otros a fin de que “la familia cristiana, que nace del matrimonio como reflexión de la alianza de amor que une a Cristo con la Iglesia y como participación en dicha alianza, manifieste a todas las gentes la presencia viva del Salvador en el mundo y la naturaleza genuina de la Iglesia” (Gaudium et spes, 48).

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[3.–] De hecho, la concepción cristiana del matrimonio se halla esencialmente unida al misterio y la misión de la Iglesia. Sólo cuando se considera el matrimonio y la misión de los casados a la luz del amor de Cristo hacia la Iglesia (cfr. Ef 5, 22-23) se puede entender de forma adecuada la verdad sobre el matrimonio y la familia.

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[4.–] Aprecio lo que el Encuentro Matrimonial Internacional, junto con otros movimientos apostólicos, ha hecho en los últimos años por dar a los matrimonios una auténtica visión cristiana de su vocación a la vida matrimonial y familiar.

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[5.–] En la actualidad es sumamente importante que, al hablar a los matrimonios, y en particular a los jóvenes, se recuerde que su vocación tiene que conducirlos a expresar de forma concreta las exigencias de la verdad en la vida cotidiana. Como afirmé en mi Carta Apostólica a la juventud del mundo, “la civilización materialista y consumista penetra en este maravilloso conjunto del amor conyugal –paterno y materno– y lo despoja de aquel contenido profundamente humano, que, desde el principio, llevó un sello y un reflejo divino. ¡Queridos jóvenes amigos! ¡No os dejéis arrebatar esta riqueza! No grabéis un contenido deformado, empobrecido y falseado en el proyecto de vuestra vida: el amor ‘se complace en la verdad’. Buscad esta verdad donde se encuentra de veras. Si es necesario, sed decididos en ir contra la corriente de opiniones que circulan y de los ‘eslóganes’ propagandísticos. No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre. Estas exigencias –tal como las encontráis en la enseñanza constante de la Iglesia– son capaces de convertir vuestro amor en un amor verdadero” (n. 10; L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 31 de marzo de 1985, p. 12).

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[6.–] San Pablo nos recuerda constantemente en términos concretos las exigencias precisas impuestas a “quienes viven según el espíritu” (Rom 8, 5) y “siguen la vía del amor” (Ef 5, 2). Tales exigencias comportan dar muerte a “cuanto de terreno haya en vosotros” (Col 3, 5) y no tomar parte en las “obras vanas de las tinieblas” (Ef 5, 11). Debemos poner nuestro corazón en “las cosas de arriba” (Col 3, 1) y “discernir cuál es la voluntad del Señor” (Ef 5, 17).

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[7.–] La exhortación del Apóstol a “fijarse bien en la propia conducta” y a “aprovechar bien el tiempo” (Ef 5, 15-16) tiene una importancia especial para los cristianos de hoy. Pues uno de los elementos esenciales de la vocación a la santidad por parte de los casados tiene que ser precisamente una ética de la vida conyugal y familiar. Como afirmé yo mismo en mi Exhortación Apostólica sobre la misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo, “también los esposos, en el ámbito de su vida moral, están llamados a un incesante camino, sostenidos por el deseo sincero y activo de conocer cada vez mejor los valores que la Ley divina tutela y promueve” (n. 34; L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 20 de diciembre de 1981, p. 12).

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[8.–] Esta ley de Dios no es extraña a la persona humana, sino que responde más bien a nuestras necesidades y deseos más profundos, que son precisamente obra de Dios. Es una ley “que se pone al servicio de su humanidad plena, con el amor delicado y vinculante con que Dios mismo inspira, sostiene y guía a cada criatura hacia su felicidad” (ib.).

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[9.–] Este programa de “espiritualidad” y ética de la vida familiar exige un ascetismo diario que abarca todos los aspectos de la vida matrimonial. Nutro la esperanza de que el “Encuentro Matrimonial Internacional” ayude a los matrimonios a responder a esta vocación evangélica con fidelidad y generosidad cada vez mayores mediante vuestras reflexiones, diálogos, estudio y publicaciones. Encomiendo de modo especial esta tarea a vuestras oraciones, en cuanto individuos y en cuanto familias. Pues uno de los principios fundamentales de la espiritualidad conyugal y familiar consiste en que “la efectiva participación de la familia en la vida y misión de la Iglesia en el mundo sea proporcional a la fidelidad e intensidad de la oración con que la familia cristiana se una a la vid fecunda, que es Cristo” (ib. n. 62; L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 20 de diciembre de 1981, p. 18).

[OR (ed. esp.) 12-X-1986, 14]