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[1386] • JUAN PABLO II (1978-2005) • EL TESTIMONIO DE AMOR Y FIDELIDAD DE LA FAMILIA CRISTIANA

De la Homilía en la Misa, en el Estadio Nacional  “24 de Septiembre”, Bissau (Guinea-Bissau), 27 enero 1990

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7. Permaneced en Cristo Jesús (Cfr. 1 Cor 1, 30). Sed testigos de su amor. También de aquel amor divino con el que Cristo mismo quiso restituir al matrimonio toda su dignidad y a la familia toda su solidez.

La familia cristiana es señal y anuncio de la profunda relación existente entre el matrimonio y el misterio de Cristo y de la Iglesia. Amaos, pues, “como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5, 25). Especialmente en el mundo misionero, la familia cristiana representa un lugar particularmente privilegiado para dar a conocer el valor salvífico del Evangelio.

Cristo proclama la unidad del amor conyugal y su fidelidad absoluta, en un mundo en el que con frecuencia son presentados otros modelos de cultura y de moral; un mundo que ha aceptado las tradiciones polígamas, y ha admitido y tolerado el desprecio de la mujer, frecuentemente considerada más como un objeto que como una persona, para servir los intereses de una cultura del poder. “El cristiano, además, está llamado a desarrollar una actitud de amor nuevo, manifestando hacia la propia esposa la caridad delicada y fuerte que Cristo tiene por la Iglesia” (Familiaris consortio, 25).

Convertíos en defensores valientes de este anuncio liberador de la familia, de todas las familias. Estad dispuestos a superar, con energía, todas las formas de desigualdad discriminante, de malos tratos, de desprecio y de negligencia para la dignidad de la esposa, de los niños, de los menores. Dad testimonio, de forma clara y evidente, de la estima que tenéis por la vida desde su comienzo, y rechazando toda clase de desinterés o de desprecio respecto a los más pequeños.

Vuestros hogares domésticos, vuestros núcleos familiares deberán constituir un ejemplo de acogida, de amor y de servicio, como es propio de una familia cristiana. Haced todo lo posible para que la familia sea considerada como el primer núcleo de la vida social. Y que todos, a partir de las autoridades públicas y de las leyes de la comunidad, respeten sus derechos naturales.

[E 50 (1990), 246-247]