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[1659] • JUAN PABLO II (1978-2005) • LA IGLESIA, FAMILIA DE LAS FAMILIAS

Discurso Siate i benvenuti, a un grupo de Familias del Camino Neocatecumenal, 12 diciembre 1994

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1. Os doy la bienvenida en la sede de Pedro, que hoy se convierte para muchos de vosotros en el puerto de donde vais a zarpar. En efecto, habéis venido para recibir un especial mandato misionero, que afecta directamente a más de doscientas familias, pero que en realidad implica también a las respectivas comunidades a las que pertenecen.

No se trata del primer encuentro del Papa con las familias del Camino neocatecumenal. En otras ocasiones he podido ver grupos del Movimiento. Recuerdo, en particular, el encuentro de 1988, en Porto San Giorgo, cuando celebré con vosotros la eucaristía en la fiesta de la sagrada Familia, y entregué el crucifijo a 72 familias que partían para su servicio itinerante. En esa circunstancia os hablé de la Trinidad en misión y de la familia en misión

Con aquel encuentro se relaciona éste, que, sin embargo, llega enriquecido por el camino de estos años en que la Iglesia ha apresurado el paso hacia el tercer milenio cristiano. Hoy, además, nos colocamos en un marco muy preciso: el Año de la familia, que ya se acerca a su fin y que ha vivido su momento cumbre los días 8 y 9 del pasado mes de octubre, cuando en la plaza de San Pedro se reunieron numerosísimas familias, procedentes de todo el mundo.

Mirando hacia el futuro, vemos ya cercano el gran jubileo del año 2000, para cuya preparación he dirigido a todo el pueblo de Dios la carta apostólica Tertio millennio adveniente. La Iglesia, familia de familias, está firmemente encaminada hacia esa meta, y es muy importante que llegue a ella lo más unida y misionera posible, reunida por la caridad en torno al único Señor y, al mismo tiempo, proyectada por su Santo Espíritu a la evangelización del mundo.

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2. El Año de la familia ha constituido para la Iglesia entera, ante todo, una profesión común de fe de las familias en Dios creador, redentor y santificador de la vida. En este año está despertando con fuerza, en la conciencia de la Iglesia y a los ojos del mundo, la dimensión familiar de la que el Vaticano II llama “participación de los laicos en la misión profética de Cristo” (Lumen gentium, 35). La familia, en cuanto pequeña iglesia y comunidad doméstica, está llamada a desempeñar un servicio sacerdotal, profético y real. Es lo que subraya expresamente el Concilio: “En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar”(ib.).

Las raíces de esa vocación se hallan naturalmente en el bautismo, y el Camino neocatecumenal consiste precisamente en un itinerario de redescubrimiento del bautismo. Es muy significativo, por consiguiente, que en las comunidades no sólo se comprometan las personas de forma aislada, sino también las familias, dispuestas a afrontar de común acuerdo, sin faltar a los deberes del pacto conyugal, las dificultades y las responsabilidades que dicha tarea conlleva.

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3. Hoy, amados hermanos y hermanas, estáis aquí para testimoniar precisamente la dimensión misionera y profética de vuestro camino de fe. Y queréis destacar que esta dimensión misionera alcanza a la familia en cuanto tal, ya que el renacimiento bautismal no sólo afecta a sus miembros de forma individual, sino que los implica a todos juntos, comprometiéndolos como comunidad familiar en un vínculo más profundo de unidad en la caridad y en un impulso misionero más fuerte.

Eso es, queridos hermanos, lo que motiva vuestra partida. No lo olvidéis nunca. El crucifijo que vais a recibir os ha de recordar cada día que, si habéis partido en misión, es porque vosotros mismos habéis sido conquistados y renovados por el amor misericordioso de Dios, como familias para las familias.

Partid, por tanto, queridas familias misioneras. La gracia del bautismo, de la confirmación y del matrimonio, renovada en la Eucaristía y en la reconciliación, os sostendrá en todos los momentos de vuestra vida. Con la fuerza de esa ayuda sobrenatural, estad dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en vosotros (cf. 1 P 3, 15). La sagrada Familia de Nazaret sea vuestro modelo y vuestra patrona. Os acompañe también la bendición apostólica, que imparto ahora de corazón a vosotros y a vuestras comunidades.

[O.R. (e.c.), 23.XII.1994, 12]