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[2259] • BENEDICTO XVI (2005- • SOLICITUD DE LA IGLESIA POR LA VIDA NACIENTE

De la Homilía Con questa celebrazione vespertina, en la Celebración de las Vísperas en el inicio del tiempo de Adviento, en la Basílica Vaticana, 27 de noviembre de 2010

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[7.] El amor a todos, si es sincero, tiende espontáneamente a convertirse en atención preferente por los más débiles y los más pobres. En esta línea se sitúa la solicitud de la Iglesia por la vida naciente, la más frágil, la más amenazada por el egoísmo de los adultos y por el oscurecimiento de las conciencias. La Iglesia subraya continuamente lo que declaró el concilio Vaticano II contra el aborto y toda violación de la vida naciente: “Se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción” (ib., n. 51).

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[8.] Hay tendencias culturales que tratan de anestesiar las conciencias con motivaciones presuntuosas. Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone de relieve su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así fue Jesús en el seno de María; así fue para cada uno de nosotros, en el seno de nuestra madre. Con el antiguo autor cristiano Tertuliano, podemos afirmar: “Ya es un hombre aquel que lo será” (Apologético, IX, 8); no existe ninguna razón para no considerarlo persona desde su concepción.

 

© Javier Escrivá-Ivars y Augusto Sarmiento. Universidad de Navarra